EL CORONAVIRUS Y LAS DECISIONES

EL CORONAVIRUS Y LAS DECISIONES

Hacia el año 341 antes de la era común, Demóstenes, uno de los oradores más cautivantes de la historia, en su tercera filípica, decía que…

en cada crisis, por lo tanto, se da la oportunidad de actuar, en la cual la fortuna equipa a menudo a los descuidados contra los vigilantes [y los que se encogen de hombros sobre los hechos sobre los que incumplen con sus deberes], no se podría comprar a un precio dado a nuestros políticos o nuestros generales; debemos actuar en mutua concordia…”

Dos mil años después, nos seguimos enfrentando a las mismas crisis. Y como expresaba Demóstenes, no se puede comprar a los políticos. O, al menos, no se debe comprar a los políticos. En consecuencia, debemos actuar en concordancia.

¿Qué es la concordancia? Es un estado de conformidad o correspondencia entre dos o más cosas, personas, ideas o fenómenos. Esto es que, en situación de crisis, la única forma de proceder para su solución es generar concordancia entre los distintos agentes que operan en ese punto de la curva témporo-espacial, en el que se generan distintos caminos posibles.

Las decisiones políticas que son precisas son actualmente distintas a las que se sugerían algunos años atrás. Hoy existen resultados de investigaciones sobre modelos complejos que están a disposición de quienes tienen la obligación de decidir.

La pandemia que hoy azota al planeta tierra es importante y disruptiva. Ningún instrumento de lógica lineal hoy puede ser aplicado. Pero hay nuevos instrumentos que pocos utilizan.

Se han determinado medidas acerca de reuniones personales que no superen las 200 personas. ¿Por qué 200? ¿Es un número mágico? ¿Hay más perjuicio sanitario si son 201? ¿O 199? ¿Y qué pasa con reuniones de 50 personas? ¿El virus no ataca?

La lógica difusa (más conocida por su transliteración en ingles “fuzzy logic”) hoy enseña que la lógica Booleana ha sido superada. Esta ultima decía que las opciones eran “1” ó “0”. En otras palabras, frío o calor, o caos u orden, o bueno o malo, o blanco o negro. Pero se conocen posiciones que existen claramente entre 0 y la unidad. Entonces, por qué 200 participantes y no otro número. 200 es un número arbitrario, resuelto por quienes no conocen absolutamente qué es la lógica difusa. [1]

¿Por qué no se dejan las decisiones a quienes conocen estas variables, cuando por el COVID 19 estamos manejando la vida de los argentinos?

Las decisiones tampoco pueden ser tomadas en cualquier momento, ni diferidas en su aplicación. El virus avanza geométricamente mientras los funcionarios deciden aritméticamente, intentando buscar soluciones fuera de lo que se conoce como la ventana de Overton.[2]

No es momento de evaluaciones, sino de decisiones. Y decisiones que no pueden escapar de la ventana que puede correrse verticalmente entre los límites de la libertad y las consecuencias de un virus que mata.

Es preciso para la población no entrar en pánico y seguir las indicaciones. Pero es fundamental que las autoridades, al no poder comprarlas como explicaba Demóstenes, deban decidir en concordancia con las necesidades del pueblo que conducen.


[1] Definida por Lofti Aliasker Zadeh, en 1965, en la Universidad de Berkeley

[2] Definida por Joseph Overton, circa 2000.

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QUIEN ENTIENDE LOS SISTEMAS COMPLEJOS?

Un sistema complejo es aquel donde la interacción entre sus agentes produce las reacciones del sistema tomado como un todo.

En el lenguaje común, una interacción es la acción que se ejerce recíprocamente entre dos o más objetos, dos o más personas, dos o más organizaciones e, incluso, entre dos o más fenómenos, que a su vez generan uno o más efectos. [1]

Esto significa que existe una relación directa entre el grado de interacciones y la aceptación de un sistema como un modelo complejo. Si no existe interacción, el modelo puede ser complejo, pero no funciona como tal. A su vez, las interacciones fuera del modelo complejo no tienen posibilidades de lograr efectos.

Teniendo en cuenta la complejidad de los modelos biológicos, físicos, químicos, sociológicos, económicos, y todos los demás que imaginemos, podemos llegar a la conclusión de que la vida en el planeta tierra se desarrolla dentro de un sistema complejo.

Elementos totalmente heterogéneos que se encuentran inseparablemente vinculados, de acuerdo con Edgar Morin. Estos sistemas complejos, que se organizan como subsistemas del modelo íntegro en el que vivimos, generan aparentes desórdenes que van desde el orden hacia el caos, en cuyo transcurso se evidencia la complejidad.

Entender estos sistemas es realmente un compromiso paradigmático en el sentido que le ha dado Kuhn[2] , cuando dice que “La ciencia, o mejor dicho su historia, no es una acumulación de conocimientos a través del tiempo, sino, cambios de paradigmas en el mismo”.

Vivimos entonces en la complejidad, pero siempre al borde del caos. El ejemplo del agua que está en orden cuando se congela, pasa a un periodo de caos cuando es calentada a más de 100 grados centígrados y comienza a evaporarse. El hielo se transforma en burbujas (ha pasado del orden al caos), pero cuando esas burbujas suben hasta el techo y toman contacto con una superficie más fría, se condensan y caen nuevamente en forma de gotas que, si se enfrían, vuelven al sistema ordenado.

En definitiva, este es el proceso del hombre sobre la tierra y también el de sus organizaciones. El orden total se encuentra en el cementerio; y el caos, en el diario vivir.

Todo este prefacio es simplemente para visualizar que el mundo y sus habitantes solo pueden avanzar interactuando, ya que de lo contrario quedaremos en el orden del cementerio. Y las organizaciones imaginadas por el ser vivo también deben interactuar, cada día más velozmente, para poder comprender las vertiginosas reacciones que son necesarias y, de esta manera, aprovechar las fuerzas centrífugas y centrípetas del modelo complejo.

Es en un momento amargo como el presente, en el que el COVID-19 se esparce sin fronteras dentro del sistema mundo, en el que nos damos cuenta que esa propagación es simplemente debido a la interacción de los individuos. Aquí, donde los efectos son nocivos, los ciudadanos advierten que la complejidad existe.

Pero hay efectos positivos también, como cuando se encontraron vacunas contra el SARS (síndrome respiratorio agudo grave por sus siglas en inglés) en 2002.[3]

Creer que Argentina, Sud África o Japón están fuera de los efectos del virus y su grave incidencia en el sector económico, es querer desconocer la complejidad y esperar en el cementerio la ayuda de seres extraterrestres. No hay solución lineal. No hay forma de previsión para este tipo de efectos que pueden llegar a ser catastróficos. No hay manual para vivir en el sistema complejo.

Sí, es preciso comprender su existencia y preparar las organizaciones para caminar rápidamente sobre la flecha del tiempo, que tiene solo valores positivos, desde cero hacia el infinito. Repetir acciones, modelos y personajes pasados es como conducir un automóvil mirando solamente lo que pasa en el espejo retrovisor. Esos están destinados a llegar al orden total, al cementerio.

[1] DEBARSY, Thomas and others. Understanding Interactions in Complex Systems. Cambridge Scholars publication, 2017.

[2] KUHN, Thomas. La estructura de las revoluciones científicas. Chicago University, 1962.

[3] JIANG, Shibo; Lu, Lu; DU, Lanying (2013). «Development of SARS vaccines and therapeutics is still needed». Future Virology

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Carta Abierta al Señor Presidente – 2

Señor Presidente de la República Argentina

Dr. Alberto Fernandez

Su despacho

 

Estimado Alberto

Seguiré hablándote como lo hice en mi escrito anterior y como lo hice desde nuestras primeras conversaciones, en 1991. Quizás sea esta mi última carta a ti, ya que como decía Gardel, “mi cuerpo enfermo no resiste más”. Enfermo de tristeza, de decepción, de desolación y de soledad.

Por eso hoy no deseo hablar a tu inteligencia, que la reconozco. Deseo hablar a tu conciencia, esa que genera amor, pasión, odio o sufrimiento. Ese sufrimiento que tenemos los 46 millones de argentinos, aun los que te han votado, por vivir sin brújula, sin un futuro concebible para el corto y mediano plazo, sin ánimos ya de seguir apostando por un sistema que nos permita vivir en paz y con algo de felicidad.

No es esta una adulación como la que escriben todos los que después esperan algo de ti, ni como una crítica de aquellos que la hacen simplemente para estar en la vereda de enfrente.

Por favor, toma estas líneas como una reflexión de alguien que ha desarrollado su vida útil desde el ¡Y cuando uno de los nuestros caiga, caerán cinco de los de ellos!, hasta el ¡Vamos por todo!

Gobiernos deleznables, como tú mismo los has calificado públicamente, y muchos de cuyos miembros hoy forman tus cuadros ejecutivos. Desde ministros que se ufanan de su pasión marxista-leninista, otros que quieren cambiar un homicidio de un fiscal de la República por un suicidio, otros que nos quieren convencer de que al Ministerio de Cultura le faltaba “amor”, u otro que descubre hoy que nuestro país tiene “tendencia inflacionaria”.

Estimado Alberto, es esta una de las últimas oportunidades que tenemos los argentinos de recomenzar una nueva historia. Por favor, comprende que tus colaboradores no pueden ser amigos, o compañeros políticos que con sus cargos están cobrando favores políticos, o catedráticos fracasados para otra tarea.

Hoy necesitas los cerebros más iluminados que, sin pertenencia política, te asistan a reformular una República que está siendo abandonada por los más jóvenes, en busca de posibilidades en otros países. Un ministro muy conocido me dijo una vez que los jubilados no le interesaban porque en definitiva se morirían. Es cierto, nos moriremos todos, como yo, que he dado todo lo que he podido con mi jubilación, y hoy puedo solamente comprar un kilo de carne por día. Pero yo moriré y a ningún ministro que asuma le importará mucho.

Pero a ti sí creo que te importan los ciudadanos. Porque, de otra forma, seremos dentro de poco como las Islas de Pascua, sin habitantes, solo con monumentos y sin siquiera una historia para contar.

Piensa que no existe una grieta en nuestro país. Por el contrario, somos una república totalmente agrietada, con millones de fisuras que atraviesan la sociedad. Desaparecieron las coincidencias, la fraternidad, el afecto entre nosotros. Vivimos pendientes de las noticias, para saber qué medidas cambian y cómo podemos adaptarnos a cada nueva situación. Y eso es defraudante.

No sé si esta carta llegará a tus manos. Supongo que no, salvo que algún miembro cercano la lea y te la acerque. Esta carta podrá parecerte dramática, pero lo cierto es que la situación es dramática.

Hasta siempre. O hasta nunca más.

Dr. Alfredo L. Spilzinger [PhD]

DNI 4270974

 

 

 

 

 

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Carta Abierta al señor Presidente

WORLD COMPLEX SCIENCES ACADEMY

ADMINISTRATIVE COMPLEX SCIENCE DEPARTMENT

Established in Bologna – Italy since 2010
Señor Presidente de la República Argentina
Doctor Alberto Fernández

Estimado Alberto:

Me dirijo sin el protocolo que mereces por tu elevada dignidad, porque prefiero hacerlo en los mismos términos en que hablábamos desde 1991 cuando nos conocimos.

Esta carta abierta tiene el mismo significado y contenido intelectual que el que le eviara en abril de 2017 al Presidente Macri, cuando se advertía la debacle hacia la que nos dirigíamos. Nunca recibí respuesta, por supuesto.

Hoy me dirijo a ti, con la esperanza de encontrar eco a las preocupaciones del ámbito intelectual respecto de la grave situación socioeconómica del país y al que te han elegido para resolver. Inmensa responsabilidad, dado el estado de las variables que surgen como cosecuencia de ochenta y nueve años de descontrol, con la excepción de tres islas en las que primó la cordura, lamentablemente incompletas. Los años del Dr. Frondizi, los del Dr. Illia y los primeros años del Dr. Alfonsín.

En 2017 le decíamos al Ing. Macri que la Nación Argentina, ente jurídico que en ralidad no existe sino en la imaginación de sus habitantes, requería soluciones complejas. Y decimos que no existe, como no existen los Estados Unidos, la Comunidad Europea o el Banco Mundial (solo son ejemplos), ya que son producto de nuestra imaginación, como imaginamos una sociedad que se llama Arcor, General Motors, Peugeot o la Sociedad Rural. Existe el Río de la Plata o la Cordillera de los Andes y existen los habitantes, es decir nosotros. Todo lo demás son artificios creados por abogados que imaginan un estatuto y sus leyes fundamentales, pero en realidad no existen.

Por eso los países no quiebran, pero quiebran sus habitantes. No mueren, pero mueren sus habitantes. No tienen emergencias, pero la tienen sus habitantes. No roba la República, roban sus habitantes a otros habitantes. No existe la administración pública, existen los habitantes que la componen.

En consecuencia, como vivimos en un mundo organizado en red, la labor del Presidente elegido es resolver los problemas de los habitantes, que están organizados en redes complejas, diferente de ser complicadas.

Los habitantes necesitamos con urgencia que lo macro sea la trasnformación de lo muy micro. Que es un problema complejo que no puede resolverse con ministros que desconocen lo que es la complejidad y por ello cómo lograr asistirnos en el proceso de evolución que se requiere para instrumentar esa transformación, que es holística.

Un conocido ministro me dijo personalmente que el problema de los jubilados no era tal, porque finalmente se morirían. Le contesté que él también moriría. No lleguemos nuevamente a esa idea, apreciado Alberto.

Tienes condiciones y fortalezas para asumir ese desafío. Te conozco, pero tu equipo de apoyo, de soporte, de asistencia no debe ser solo de amigos. Deben ser intelectuales no comprometidos con soluciones que ya no existen o que en el pasado fracasaron, como tú mismo lo reconociste. El peronismo no existe. El liberalismo no existe. El radicalismo no existe. Son todas creaciones legales elaboradas por abogados que han formalizado un estatuto. Vivimos en el post-liberalismo que es otra cosa distinta, donde la demanda externa tampoco existe salvo en nuestra imaginación, existen solo los individuos adquirentes del exterior, como también los del interior.

Los que se aferran a figuras del pasado están definitivamente rumbo al fracaso, y con ellos todos nosotros. Ya no es posible hacer política con banderas, con mitines en la Plaza de Mayo o con pancartas. Las ideas se transmiten hoy por base digital y no se pagan con choripanes.

Los habitantes argentinos tenemos un metaprograma que traduce las medidas gubernamentales en afirmaciones diferentes a lo que se expresa. Ejemplos como “el que juega al dólar pierde”, “el que traiga sus dólares del exterior pagará menos”, o “las tarjetas les darán comida a los que no lo hacen” se traducen inmediatamente en afirmaciones distintas: “compremos dólares porque subirán”, o “el menor impuesto que pague no me compensará el seguro de cambio frente a una devaluación”, o bien “esas tarjetas se repartirán en los nuevos votos que compren”.

No puede haber más retenciones para el agro. Retenciones son las que en un momento se devueven, entonces retienes, pero este no es el caso porque nunca se devolverá nada. Estos son impuestos que reducirán el neto imponible para impuestos nacionales, provinciales y municipales. Esos 2.000 millones de dólares que se pretenden “retener” producirán un menor impuesto del 53% a nivel nacional, provincial y municipal, es decir que quedarán solo 970 millones. ¿Vale la pena la confrontación?

El haber de los jubilados es, en la enorme mayoría de los casos, del mínimo o cerca de él. El congelamiento de esos haberes me recuerda la frase del ministro que me afirmó que no importaba, ya que finalmente morirían. Mi suegro, mi suegra, mi padre y mi madre murieron con el haber mínimo, y acabo de cerrar los ojos de mi amada esposa que también percibía el haber mínimo. Yo también tengo ese haber, después de haber sido subsecretario de la Nación, pero la dignidad del Dr. Illia nos hizo firmar a todos la renuncia a la jubilación de privilegio.

Votamos por una revolución tranquila al estilo de Quebec en Canadá en 1960, bajo la dirección de Rene Levesque. Sin armas, sin concentraciones, sin amigos, sin gritos ni promesas, solo con estadistas que entendieron y trabajaron para arbitrar la única solución para la región. Hoy goza de una estabilidad socioeconómica excelente y una calidad y nivel de paz muy lejanos al nuestro.

En cambio, hoy los ministros te asisten para pedir 180 días para recién saber qué hacer. No es serio. No es serio que ministros dediquen sus esfuerzos y nuestros dineros en investigar lo que hizo Macri, o Cristina. Eso es conducir un automóvil guiándose por el espejo retrovisor, en vez de fijar la mirada hacia adelante. De seguir así, seguro que nos estrellaremos otra vez.

Tampoco debe haber legislaciones de emergencia, que se vincula con un hecho que “emerge” repentinamente y que normalmente pone una vida en peligro. Nada de lo que ocurre en Argentina es emergente. Arrastramos dolencias desde el 6 de septiembre de 1930, y tú lo has afirmado antes de ser candidato a presidente, por lo ocurrido luego que abandonaras tus funciones de Jefe de Gabinete. El 26 % de los decesos en Argentina se debe a problemas cardiovasculares, muchos de los cuales son producto de stress, de angustia de pecho y finalmente de necrosis isquémica. En otras palabras, falta de oxígeno y flujo sanguíneo a las células que producen su muerte. ¿Cuánto es origen de ello los cambios repetinos y bruscos de las políticas que surgen del Ejecutivo?

Instalemos programas y tranquilidad en una población que sufre modificaciones dramáticas en su vida cotidiana, por imperio de normas que alegremente todos los días los gobiernos cambian.

Entendamos que todo es holístico, esto significa que todo tiene que ver con todo. La vida, el trabajo, la alimentación, las compras y ventas, las exportaciones e importaciones y hasta la muerte. Si dejamos las soluciones en amigos en compartimentos estancos, de seguro que tenemos el fracaso a nuestra mano.

Los antropólogos hoy nos dicen que hace 150.000 años en las cuevas de Boblos (Sudeste africano), el macho alfa de los homo sapiens no buscaba rodearse de los más fuertes ni de amigos, sino de los más inteligentes para que cuidaran sus mujeres y su comida y pudieran continuar su obra una vez que él desapareciera. Repitamos ese modelo, que es el de nuestros antepasados.

Estimado Alberto, esta carta abierta no es para criticar. Es para ayudar a reconstruir una sociedad totalmente devastada, y para eso cuentas con el apoyo de todos. Por favor, piensa en pasar a la historia como un estadista, y para ello no caigas en las recetas de curanderos que te llevarán a ser un político más en la historia de nuestro país.

Con el mismo afecto desde 1991.

Alfredo

Dr. Alfredo Spilzinger
President

 

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Quien le escribe los discursos al Presidente?

No resulta extraño escuchar al Presidente Macri en expresiones fuera de lógica por lo cual alguien siempre debe salir a desmentir, aclarar o complementar sus dichos.

Obviamente la retórica no es su fuerte. (Claro el colegio Cardenal Newman no es fuerte en esa asignatura). Pero esta vez sus palabras han sido además de inciertas, insultantes.

Dijo con motivo de la conmemoración del Holocausto, que …” nadie puede sentir riesgo de su vida por considerarse diferente” …

El ser diferente fue el argumento del nazismo. ¿Quien es diferente? Los que habitaron la Judea desde hace 5000 años o los que crearon una religión hace 2000, basados en el judaísmo.

Diferente es distinto, desigual, diverso, que no es lo mismo y que tiene realidad o existencia diferente de aquello otro de que se trata. Aun más que tiene diferentes cualidades.

Que lamentable que el Presidente de la República piense que quien no se parece a él somos diferentes. Ha vuelto a las viejas definiciones de la inquisición del siglo XI cuando nació en Europa. En resumen, que quien es diferente a su historia, califica de diferentes de quienes procede.

Joshua ben Joseph (conocido también como Jesús) nació, creció y murió como judío. Su cruz decía INRI (IESVS NAZARENVS REX IVDAEORVM, Jesus de Nazareth Rey de los judíos), ¿entonces era también diferente?

La esposa del Presidente, por no haber confesado la religión del Presidente es también diferente?

Los seres humanos somos únicos, originales e irrepetibles. Todos, pero nunca diferentes. Téngalo presente señor Presidente.

 

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El pais inflacionario

En este vértice sur del continente americano, los responsables de la economía argentina siguen luchando contra el síndrome de la inflación.

Sin saber qué hacer, hasta han convencido a la mayoría de la población que la inflación es un aumento del precio relativo de los bienes y servicios que se consumen. Nunca peor definición, es la clásica forma de endosar en el otro las causas de un problema. La inflación es un proceso de pérdida constante del poder adquisitivo del signo monetario que no es otra cosa que papeles impresos por el Banco Central a los que se les imprime alegremente un valor y los que terminan en manos de los operadores del mercado.  En consecuencia, los bienes y servicios se adquieren con esos papeles, que se supone deberían mantener el valor impreso en ellos.

Pero ocurre un proceso alimentado por decisiones gubernamentales que hace que por un bien que en diciembre de 2016 se adquiría  a 100 pesos, dos años después, en diciembre de 2018 lo era por 186,30 (datos del Indec). ¿Que ha ocurrido entre esos 24 meses?

Simplemente que los tenedores de esos papeles impresos han empezado a dudar que ese valor escrito sea el verdadero. Han perdido la con – fianza. Y tratan de deshacerse de ellos sea cualquiera la perdida que deban asumir. En otros términos, los bienes no cambiaron su costo, disminuyó el valor de los billetes en manos de los compradores. Al no poder resellar los billetes emitidos por el Banco Central con el doble de su valor, los precios se ajustan al precio de los bienes y servicios. Hasta podríamos adquirir dólares a 16 pesos, pero obviamente sería con el doble de billetes

Hasta aquí el diagnóstico de la enfermedad inflacionaria. El tratamiento es entonces conocer sus orígenes y aplicar los remedios necesarios para combatir la enfermedad y no su expresión sintomática que muestra esta depreciación del valor de la moneda. Porque la enfermedad no es la inflación, es la fiebre que experimenta un enfermo por una descompensación que experimenta su organismo.

El modelo que prevalece en nuestro país es  la falta de confianza en el signo monetario, tanto en el mercado externo cuanto en el interno. Confianza (con-fianza es decir la interacción de dos partes) es en términos sociológicos, una hipótesis sobre el futuro comportamiento de la otra parte, en este caso quien ha impreso los billetes con un valor escrito en él. Cuando esa con-fianza desaparece los tenedores de esos billetes tratan de desprenderse de ellos, en búsqueda de otro activo que le de mayor confianza. En un país bi-monetario como el nuestro, ese activo es fundamentalmente el billete norteamericano.

Y como las políticas económicas no han generado una balanza comercial favorable, la oferta de divisas es menor a su demanda, la que, en vez de quedar insatisfecha, ofrece por ese activo mayor valor. Definitivamente, el emisor de los papeles con valores inscriptos en ellos no ha generado la con-fianza necesaria para que los tenedores los mantengan como activos.

Como la comunidad es un ser vivo, se desarrolla bajo criterios de un sistema holístico, adaptativo y complejo. Que muta según las circunstancias y que está sujeto a principios de reacción psicológica, sociológica y de subsistencia, extremadamente lejos de los parámetros de la economía clásica que se aplican en nuestro país hoy.

Los responsables gubernamentales manejan los aspectos fiscales y la presunción que la comunidad nacional reacciona a criterios de preferencia por la liquidez, de incremento de la posible utilidad y que la comunidad internacional sostendrá permanentemente con apoyos financieros toda aventura fiscal. Todo lo contrario, ambas forman parte de colectivos que reaccionan holísticamente en búsqueda de estabilidad en sus ingresos que le permitan subsistir en la forma mas cómoda posible invirtiendo en países que le aseguren confianza.

En el ámbito internacional, pensar en una financiación sin limites de por vida, es tan absurdo como creer que la edad no transcurre y que siempre seremos jóvenes. Las finanzas internacionales son también sistemas complejos.

En el escenario nacional estos cambios en las fórmulas de transacción de bienes lo desacomodan e incomodan. De allí sus reclamos a quienes tienen la obligación de componer un programa que evite la caída de valor de los papeles que imprimen los ministros en el Banco Central. Quieren con-fianza.

Y estos últimos, no comprenden la complejidad de la situación, y normalmente aplican medidas de la economía clásica que ya ha quedado obsoleta. No comprenden que se trata de un sistema complejo, (no complicado que es algo totalmente diferente) y que requiere aplicar conceptos de dinámica cuántica, nunca explicados en las escuelas ni universidades, y por ello tampoco aplicados.

¿De qué hablamos? Que el mercado, por ejemplo, no existe. Solo existen operadores en el mercado que se mueven en un espacio que no es plano sino curvo, con lo cual las soluciones de causa y efecto no son lineales y que la perdida del poder adquisitivo de la moneda es efecto de un proceso psicológico de des-confianza.

Que la anisotropía no es un medicamento homeopático si no la diferencia de apreciación de las comunicaciones y legislaciones emitidas, dependiendo del lugar desde donde se las observen, desde el gobierno o desde la ciudadanía. (es como el terciopelo que cambia su diseño y color dependiendo desde donde se lo mire).

Que las situaciones como la mencionada no se resuelve con mensajes. La transmisión de decisiones hoy se implementa a través de superconductores, en los que a mayor temperatura en la conducción de las decisiones menor es la velocidad de su transmisión y por cierto de su impacto. Cómo miden los responsables de los papeles emitido el calor de los superconductores.

Que el teorema de Nyquist sobre perdida de las comunicaciones, donde se requiere duplicar su emisión en proporción al ancho de la banda de comunicaciones, es cierto y es preciso aplicarlo tanto en el ámbito interno como en el externo.

La decisión ministerial de aplicar simplemente variables monetarias, en cambio puede llegar a tener efectos totalmente indeseables. Es como eliminar un respirador a un enfermo con problemas pulmonares, sólo con el objeto de ahorrar energía.

Es cierto que este equipo ministerial recibió al momento de su asunción un enfermo en estado grave. Solo a titulo de ejemplo, podemos imaginarnos una señora que sus primos la trasladan a una guardia hospitalaria, con problemas coronarios serios, alto grado de colesterol, presión arterial máxima de 260 y mínima de 90, con deficiencia renal seria, con un peso de 150 kilos, una trombosis venosa en una pierna excesivamente edematizada y sin recursos económicos porque su marido la ha abandonado con tres hijos de 9, 7 y 5 años, los que sin alimentarse por varios días, descalzos y sin bañase lo único que hacen es estar en la camilla al lado de su madre llorando porque necesitan alimento.

La pregunta es qué hacer primero y a quién decirle la gravedad de la enferma. No es un médico de guardia el que puede resolver esa situación compleja. Es preciso un equipo de especialistas en medicina compleja e instrumentos adecuados para definir e implementar un plan de recuperación de la enferma antes que muera, y además advertirles a los parientes sobre la gravedad de la situación.

Por cierto, que la solución no es simple. Es un sistema complejo que requiere tiempo, comunicación y un equipo altamente experto en sistemas complejos cuyos integrantes no se cambien en medio del tratamiento.

Pero eso no es lo peor de esta macabra historia. Nosotros hemos vivido un país al que no veremos hasta el fin de nuestros días con la estabilidad que soñamos. ¿Pero que le contestamos a nuestros nietos por que parte de sus compañeros se van del colegio porque sus padres no pueden pagar su permanencia? ¿Que le decimos cuando nos preguntan porque los precios varían día a día? ¿Que les respondemos cuando nos preguntan porque amigos suyos se van del país? Que les contestamos cuando nos pregunta que no tener confianza, cuando estamos tratando de construir en ellos un edificio de fe hacia la otredad.

Cuando esos ojos llenos de preguntas me miran fijamente, siento los talones de mis pies al borde de un abismo mirando hacia abajo un profundo espacio y a lo lejos un horizonte cada vez mas lejano.

No tenemos diagnóstico ni un plan de tratamiento. Les dejamos un país donde trabajos para fortalecer la confianza, pero hemos fracasado en construirla. Mientras tanto los reyes del poder (público y privado) construyen su propio bienestar.

 

 

 

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IN MEMORIAM ALBERTO NISMAN

Hace cuatro años el Fiscal Argentino Dr. Alberto Nisman era asesinado y lamentablemente su cuerpo aun no descansa en paz. Y no descansa porque la investigación sobre la autoría de ese hecho brutal sigue el camino de la desaparición forzada.

Se trataba de un Fiscal de la República que había adelantado verbalmente la denuncia que efectuaría en el parlamento contra los titulares del Poder Ejecutivo Argentino de ser activos participantes del ocultamiento de uno de los mas grandes ataques a la población argentina. La explosión ocasionada a la mutual argentina AMIA que costó la vida a 85 argentinos y dejo heridos a más de 300, muchos de ellos con discapacidades permanentes. Algunos estaban dentro del edificio trabajando y otros simplemente eran transeúntes que pasaban frente a él.

Se crearon, inventaron y promovieron toda clase de obstáculos para que la verdad sobre el asesinato no quedara al descubierto. Y los responsables de ese vil accionar lo lograron hasta ahora. Obviamente me refiero a quienes estaban en ese momento en ejercicio de las funciones ejecutivas del gobierno argentino y que obviamente tienen necesidad  que el parlamento y por supuesto los argentinos desconociéramos la denuncia que el Fiscal debía hacer pocas horas antes de su asesinato.

Y escribo estas líneas con el dolor de alguien que, por simple cambio de agenda, no estuvo en la reunión que debía realizarse a las 9 de la mañana en la sede de la  una reunión AMIA ese 18 de julio. Y por ello no estoy yo en la nomina de las víctimas mortales.

Por esa razón es que me asiste el derecho de no dejar pasar el recuerdo de ese 18 de enero de hace cuatro años, cuando quien podía descubrir las maniobras entretejidas para conocer la verdad, fue vilmente asesinado.

Pero lo mas dramático del caso, es que los autores y sus cómplices de ese asesinato, siguen transitando libremente por las calles de Buenos aires, o de otras ciudades del planeta, y quizás se sienten al lado mío en alguna mesa de un café. Pero aun peor, muchos de los responsables todavía se entusiasman con volver a ser miembros del Ejecutivo Argentino, y arman conciliábulos para presentarse como candidatos a las próximas elecciones presidenciales.

Y para ello utilizan grandes manifestaciones de gente que movilizan, quienes con seguridad desconocen el atentado a la AMIA, la muerte del Fiscal Nisman, los contubernios para un imponer un plan de paz con un país enemigo, y los argentinos muertos. Estamos frente a un país que carece de memoria o qué hace lo imposible para que buena parte de los 46 millones de habitantes la desechen. Pero todos son ciudadanos con derecho a voto y seguramente elegirán los candidatos de acuerdo con las promesas de subsidios que reciban.

Argentina, es un país que ha sido signado desde hace ya 70 años por asesinatos impunes. Baste recordar a Jose Rucci, Augusto Timoteo Vandor, Carlos Menen jr. (nada menos que el asesinato del hijo de un presidente en ejercicio), la embajada de Israel, la Amia, el holocausto de Cromagnón, la tragedia de Once, Alberto Nisman. ¿Quién será de nosotros la próxima víctima ?

Tuvimos una época en la historia de nuestro país en la que aquéllos que se rebelaban contra la corrupción, tomaban la decisión de acabar con sus vidas. Leandro Nicéforo Alem, Lisandro de la Torre. Leopoldo Lugones (aun sin coincidir en absoluto con su historial político) asumieron su responsabilidad y la pagaron con sus propias vidas. No es esto un elogio al suicidio, todo lo contrario. Pero al menos quienes lo hicieron sintieron alguna responsabilidad que quisieron lavar, ignoto hecho que hoy se ignora.

No obstante ser nuestro país quien ostenta una proporción elevada de suicidios por habitante (14,2 por 100.000 habitantes según la OMS) evidentemente esta proporción no incluye a gobernantes sino a simples ciudadanos que sufren la frustración de un país que no encuentra su razón de ser en el planeta.

Vivimos sin lugar a dudas una crisis existencial. El poder corrompe, y hemos tenido poder por muchos años y por ello tenemos un plan de país que pueda resolver la pregunta sobre cuál es nuestro lugar en la vida. La mayoría de los argentinos no saben por qué estamos cómo estamos, o al menos no lo quieren saber. No están de acuerdo con ninguna solución, y pretenden vivir sin que ello les demande mucho esfuerzo. Y las muertes ocurridas son siempre de los otros y responsabilidad de alguno, normalmente del gobierno, y ello no les incumbe.

La memoria del Fiscal Alberto Nisman, se irá lamentablemente diluyendo para ser sólo materia de una historia argentina de decepciones.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Carta Abierta al Señor Presidente de la República Argentina

Carta Abierta al Señor Presidente de la Republica Argentina

 

14 de mayo de 2018

 

Señor Presidente Ingeniero Mauricio Macri

 

Permítame señor Presidente, como gratitud a algunas conversaciones que hemos mantenido en el pasado, escribirle sobre la situación crítica que vivimos, por la preocupación no solo mía sino de todos quienes le hemos votado en la seguridad que bajo su gobierno podríamos ver a nuestra República alejarse de la trágica historia que le ha precedido.

 

Pero debo admitir que la evolución de los acontecimientos políticos, sociales y económicos que a diario vivimos, están oscureciendo el perfil de su gobierno al que tantos hemos confiado nuestros votos.

 

Es fundamental entender que la herencia que usted ha recibido ha sido nefasta. Pero debo confesarle que todos esperábamos que como todo presidente que resulta elegido en cualquier institución, usted exigiera de su predecesor un inventario y balance de los que se hace cargo. Y esa misma información la hiciera conocer a los ciudadanos, quienes lo votamos y quienes no, con el objeto no solo de salvaguardar su posición sino de explicitar los programas con los cuales, el terrible desequilibrio de las variables que le han dejado sería corregido.

 

Pero no lo hemos recibido de su parte. Solo nos han llegado escuetos comentarios de miembros de su gabinete, más acostumbrados a gerenciar proyectos financieros que a enfrentar crisis políticas. No quisiera que su gobierno pasara a la historia como uno más que ha dejado que el desgobierno nos lleve a buscar nuevas soluciones, y que quede solo de usted el busto de mármol en la galería de presidentes de la República de la Casa Rosada.

 

Como nos atrevimos a votarlo, me atreveré también a decir la verdad, simplemente porque me he comprometido a hacerlo. Porque de otra forma estaré perseguido por la oscuridad de resultar un cómplice de la crisis que estamos viviendo. Una crisis de la que nadie quiere hablar pero que convive con nosotros.

 

Una crisis política antes bien que económica o financiera. La falta de su palabra presidencial, nos ha dejado huérfanos de conducción. Solo han llegado a nosotros parlamentos inconexos de ministros que por su juventud o su falta de experiencia en los estrados de la política argentina, nos han dejado frases como que…”esto ya lo

teníamos previsto”… o “contamos con la financiación hasta el fin del mandato presidencial”… como si la historia de la Argentina finalizara el 10 de diciembre de

2019… o “fuimos al FMI como medida preventiva”… como si quienes escucháramos fuésemos habitantes de un planeta que nada sabemos de la historia argentina.

 

Señor Presidente, su responsabilidad es de tanta magnitud, que me imagino su desazón al tener que hablar a los presidentes de las potencias mundiales para rogarles tengan piedad con nuestra situación y no nos nieguen una nueva asistencia financiera. Me siento en su lugar y sufro pensando lo que debe sufrir. Porque lo sufrimos todos los argentinos.

 

Y su responsabilidad como líder es crear nuevos lideres que le superen aun en su nivel político para poder dejar a la República encaminada hacia un futuro que se aleje definitivamente de las permanentes y periódicas crisis vividas. Una responsabilidad que va mas allá de flamear globos amarillos o de cerrar sus decisiones a una mesa chica que sólo admite a los súbditos que piensan como usted.

 

Cuenta usted con el ministerio mas imponente de la historia argentina, que pagamos todos los ciudadanos, pero que no logra componer un programa de gobierno que vaya mas allá del día siguiente. Por el contrario, necesitamos un esquema de gobierno que incluya a todos los argentinos. Políticos, empresarios, dirigentes sociales y aun deportivos y a la comunidad en su totalidad que comprendan lo que ha pasado y se comprometan a sacrificar algo en función de un programa que por ser conocido, tenga como objetivo un futuro mejor.

 

Porque de lo contrario, finalizado su gobierno – en la fecha que fuere – estaremos dejando a nuestros hijos y nietos una herencia – al día de hoy – de mas de 320 mil millones de dólares como hipoteca de su vida. Es decir, lo mismo que ha pasado con el gobierno que lo antecedió.

 

Y lo que prometió Cambiemos es justamente lo contrario. Y todos deseamos y esperamos señor Presidente que usted lidere ese cambio.

 

Acercarse al pueblo y decir la verdad no es simplemente gobernar sin corbata. Porque cuando usted y sus ministros visten corbata cuando visitan a un personaje importante, nos damos cuenta que como nos enseña la psicología, existe una bipolaridad que es imposible de comprender. Si adoptan una personalidad y se visten sin corbata cuando nos hablan a nosotros, los ciudadanos comunes, pero la usan cuando visitan a personajes encumbrados, alguna de esas dos personalidades es falsa. ¿Cómo debemos entender esa verdad?

 

Vivimos señor Presidente una crisis. Crisis – del griego κρίσις – es una coyuntura de cambios, que es justamente lo que estamos experimentando hoy. Las crisis son fenómenos complejos, no complicados que es algo distinto. Y la complejidad requiere de un análisis profundo, una mirada diferente y una inteligencia especial basados en un pensamiento complejo. La pregunta es si alguien en su gabinete comprende los sistemas complejos Sobre todo cuando la crisis es política. Ni económica ni financiera.

 

Tampoco debemos culpar al entorno internacional. Es argentina y producto de una desinteligencia de nuestra comunidad, que algunos llaman grieta, pero que comenzó en 1776 con la creacion del Virreinato del Rio de la Plata y subsiste hasta hoy

 

Y es usted el elegido por la ciudadanía para resolverla. Terrible responsabilidad pero ineludible si quiere dejar impresa en la historia argentina una impronta de liderazgo. Piense que no hay otra persona que pueda ni deba hacerlo, porque los ciudadanos le han elegido a usted y no a sus múltiples ministros, a muchos de los cuales no le conocen la cara, y ni hablar de lo que hacen.

 

Pero lo que es fundamental es unificar criterios de gestión en pocas cabezas que puedan imaginar una Argentina distinta e implementar las acciones para la situación compleja que vive. Porque esos problemas se resuelven con inteligencia unificada y no con acciones de marketing.

 

Yo sólo soy un ciudadano, un narrador que habiendo formado parte de gobiernos como el el del Dr Illia y el Dr Alfonsin, – no debo explicarle entonces mi accionar político – cumple su tarea en un escritorio y que ha comprendido que un buen ciudadano no puede limitarse a sufrir las crisis, sino aportar a su país el trabajo que realiza.

 

Estoy escribiéndole como lo hago siempre, con la maxima honestidad, y ahora regresaré definitivamente al silencio a la espera de una reación de su parte que nos permita recuperar la calma de la anticrisis.

 

Acepte señor Presidente, mi más profundo respeto y mis deseos de éxito

 

Alfredo L. Spilzinger DNI 04270974

Doctor en Ciencias Económicas. Doctor en Administración. Doctor en Filosofia. Spilzinger@me.com

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LA PARADOJA DE SANTA FE

La paradoja de SANTA FE es una aparente contradicción entre la total falta de conducta ética por parte de las empresas comerciales e industriales, las firmas de auditoría que siendo las responsables de encontrar y prevenir esas conductas no éticas no lo hacen y el impacto que ello genera en la profesión contable como tal.

Los puntos básicos de este argumento son:

  • Hay cientos de fraudes cometidos cada año en empresas por parte de funcionarios que actúan tanto en ámbitos privados como estatales;
  • Los mayores 12 fraudes, ocurridos en los últimos 15 años, generaron quebrantos para sus accionistas y acreedores superiores a los 200 mil millones de dólares. Aproximadamente el importe equivalente al producto bruto anual de Nueva Zelanda, un país situado como número 48 en el ranking de naciones cuya cantidad total es de 190 países.
  • Ese monto es aun mayor si consideramos los perjuicios causados a empleados y sus familias que han sido desempleados, edificios que han quedado vacíos, proveedores cuya producción no es más requerida y clientes insatisfechos
  • Esos fraudes generan una apreciable reducción del prestigio de la profesión contable, porque esos mismos auditores han emitido dictámenes limpios en los estados financieros previos en las firmas que finalmente han causado esos fraudes. Esto nunca debió haber pasado porque justamente los auditores son los depositarios de la fe pública y precisamente las auditoras de “ mayor prestigio” del mercado son las que están comprometidas en esos fraudes.
  • Por ello la confianza depositada en esas firmas auditoras está descendiendo día a día, no solamente en términos económicos, pero más importante aún en el nivel de su credibilidad como repositorios de la fe del inversor y del público en general. Y esto es debido a la permanente ocurrencia de estos increíbles “errores” tales como aquel alucinante producido en la entrega de los sobres de los últimos premios Oscar de la industria cinematográfica.

 

De acuerdo con esta línea de razonamiento el problema es como la profesión contable podrá sobrevivir frente a estos fraudes o errores (desígnenlos cada uno como desee) sin un evidente convencimiento de una actitud que demuestre una reversión en la actitud de los actores del escenario económico.

 

Es por esa razón que estamos enfrentándonos a un conflicto entre argumentos de escala y probabilidades que asumen que dichos fraudes y errores están posicionándose en un lugar común en el entorno económico mientras somos testigos de una evidente falta de evidencia de alguna corrección consistente en el presente modelo de negocios en el mundo.

 

Estos problemas existen no obstante los tremendos esfuerzos desarrollados por la IFAC (International Federation of Accountants) que está emitiendo permanentemente nuevas reglas con el objeto de estandarizar los procedimientos contables y de auditoria y defender la tarea de aseguramiento de actividades económicas.

 

La profesión contable es la más regulada de todas las prácticas profesionales en el mundo. Ninguna otra profesión posee tan detalladas regulaciones como tiene la profesión contable.

Esas regulaciones pueden ser analizadas desde dos puntos de vista:

“Por qué debe haber tantas regulaciones de detalle cuando la profesión contable y sus actores poseen suficientes grados universitarios y además práctica en el terreno en firmas de larga trayectoria y experiencia en sus respectivos países?” Otras profesiones descansan en las habilidades y estándares de practica de cada especialidad, médicos, abogados, físicos, filósofos, solo para dar algunos ejemplos. La respuesta podría ser que los contadores carecen de las habilidades para ejercer su actividad en el escenario económico. Pero habiendo tantos profesionales contables ejerciendo desde hace más de 150 años la pregunta es cómo subsisten los fraudes que son cometidos en forma permanente, sin que fueren detectados ni resueltas sus consecuencias.

La segunda posibilidad es considerar si: “Los contadores públicos están efectivamente siguiendo las reglas emitidas o son parte del problema?”  Aun siendo casi imposible esta causa, los valores de escala nos impiden descartarlos.

EL problema es que esta paradoja sigue agitando las aguas de nuestra profesión. Porque no obstante las normas, regulaciones y los esfuerzos de IFAC la comunidad de negocios solo recibe un “silentium universi” que genera una perplejidad de profundo sentido en los ámbitos científico, económicos, sociológicos y culturales de enorme importancia.

Alfredo Spilzinger

Marzo 2017

 

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EN TERAPIA INTENSIVA

Resulta para muchos ciudadanos más hábil discutir variables de la economía (aunque fueren intitulados) que ejercer cualquier otra profesión). Todos pretenden conocer soluciones a temas tan complejos como la inflación, el déficit fiscal o la interacción de matrices econométricas, y hasta algunos de ellos se animan a difundir su desconocimiento y hasta escribir artículos sobre estos temas.

 

Quizás sea ésta una de las causas por las que periódicamente Argentina debe enfrentarse con problemas estructurales. Porque los políticos, que ocupan sillones de decisión en la organización nacional o provincial, también cumplen con los principios de un símil de la paradoja de Fermi. Esto es, cómo se puede llevar a un país a límites de riesgo tan peligrosos cuando hay tantos que conocen cómo resolver los problemas que se plantean.

 

Pero con el objeto de racionalizar este dilema, intentemos diseñar un ejemplo desde fuera de la economía.

 

Convirtámonos entonces en espectadores ocultos de un inusual escenario donde aparece en la guardia de un establecimiento hospitalario una señora de aproximadamente 48 años de edad, con un peso de 156 kilos -abandonada por su marido semanas atrás- y que ingresa con el apoyo de algunos vecinos que la acompañan. Por la situación en la que se encuentra, se ha quedado sin sustento económico, ni vivienda ni soporte social. Tres hijos de 9, 7 y 5 años entran asustados junto con ella, con muestras de no haber ingerido alimento en los últimos días.

 

La mujer acusa una situación de stress muy elevada -en estado de somnolencia debido a ansiolíticos que le han facilitado en demasía sus vecinos, con el espíritu de calmar sus ansiedades. Un grupo de médicos es llamado de urgencia a la sala de guardia para evaluar su situación. Comienzan los estudios y los especialistas empiezan a dibujar el perfil sintomatológico de la paciente.

 

La cardióloga mientras mira la pantalla, dice en voz alta: “la presión arterial es de 210 y 140, frecuencia en 43 y descendiendo, tengo miedo que se nos vaya”. El médico clínico advierte los edemas de su cuerpo, y luego de los análisis de sangre escribe en la historia: Cuerpo con edemas por la retención de líquidos en su organismo; tiene síntomas de diabetes tipo 2 que han afectado en forma importante el funcionamiento de sus riñones.

 

Mientras los especialistas efectúan su reconocimiento médico, los niños lloran al lado de su madre por temor, por apetito y por falta de higiene.

 

Las pruebas cardíacas realizadas [que requieren tiempo y disponibilidad de tomógrafos y resonadores] lleva a la conclusión a los especialistas que es preciso realizar una coronariografía, y por su resultado decidir cómo reemplazar arterias que están ya calcificadas y que pueden generar en el corto plazo un infarto cardíaco.

 

Los niños han sido apartados de la madre para intentar higienizarlos, alimentarlos y hacerlos dormir, pero la enfermera vuelve con el mensaje que los niños no comen porque lloran por no estar con su madre.

 

Han pasado ya ocho horas desde que la paciente fue internada y son seis los especialistas que rodean la cama de la paciente. El clima dentro del consultorio de la guardia se hace irrespirable. La cardióloga vuelve a exclamar: “la paciente se nos va”.

 

El médico a cargo del operativo ordena que ventilen a la paciente y pide que venga el director. Por dónde empezamos, exclama ya sudoroso. Nadie sabe a quién le habla, pero una enfermera sale del consultorio en búsqueda del director, quien a los pocos minutos aparece en la consulta.

 

Y nosotros salimos de nuestra posición de espectadores en las sombras dejando a los médicos definir por dónde comenzar, sin preguntarse cuánto tiempo les insumirá llevarla a una situación de mayor equilibrio biológico.

 

Si cambiamos en esta historia el nombre de esta señora por el de Argentina, podríamos decir que nuestro país -por lo ocurrido en los últimos doce años- se encuentra en ese estado de terapia intensiva. Los daños que le fueron causados le han producido un estado de salud [social, económica y psicológica] muy grave, y arrastra de esta forma un desequilibrio estructural que es progresivamente maligno si no se adoptan las medidas necesarias, para lo cual necesitamos tiempo y esfuerzos profesionales. Aun de la misma enferma que deberá someterse a un proceso de recuperación muy estricto. Olvidemos por un tiempo a los amateurs y a los falsos profetas.

 

Si la ansiedad de los vecinos en retornar a la paciente a su casa malogra este proceso, seguramente se volverá a caer en un síndrome de repetición de causas y efectos.

 

Esperemos que quienes -con conocimiento o sin él- pretenden tener la llave maestra de una solución inmediata restrinjan sus pareceres y den la opción para que el organismo social retome su funcionamiento, porque de lo contrario puede llegar un momento de caos biológico que en el mediano plazo tenderá a la desaparición del enfermo. Sé muy bien que los países no mueren, pero pueden entrar en un letargo que los hace inviables.

 

Argentina, seamos pacientes y colaboradores. Entonces te levantarás y andarás.

 

 

 

 

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