El discurso inaudito

Los personajes de la vida organizacional, se distinguen por sus discursos, esto es por las ideas que se transliteran en acciones o palabras que unidas en un sentido conceptual forman frases que terminan fundiéndose en oraciones que finalmente se entregan a la comunidad significante en la forma de discursos.

Cuando son solamente acciones, pero sin palabras, esas ideas se convierten en acercamientos hacia los otros conjuntos, a fin de interactuar.

Ese accionar inteligible y con significación, es la forma en que se materializan los deseos de organización del ser humano que deslumbrado por la increíble realidad de vivir, busca afanosamente paraguas organizacionales debajo de los que guarecerse de las inclemencias de la vida misma.

Es así como crea

 organismos políticos, para que le sean dados cotas y parámetros para actuar en sociedad y a través de los que pueda accionar sus derechos y cumplir con sus obligaciones
 organismos sociales, en los que se sostiene y apoya para compartir el hábitat con sus compañeros de ruta,
 organismos económicos, a través de los cuales logra adquirir los artefactos necesarios para subsistir en su camino vital,
 otros tipos de organismos complementarios para su actividad física y psíquica.

Como crea esos organismos? Un disparador, interno o externo a su propia individualidad, genera un pensamiento, que se transforma en idea, la que se exporta a un discurso que, a través de los protocolos de interacción que posee para interactuar con la «otredad», genera la organización.

Ya en 1966, Berger y Luckmann explicaban que

 La institucionalización ocurre cuando los actores interactúan
 y aceptan compartir definiciones de la realidad
 y es a través de procesos lingüísticos que las definiciones de la realidad se constituyen.

Estos discursos están programados para que el significador, el significado y el significante, compartan esa idea seminal que dio origen a la organización. Ello significa que en términos de sistemas complejos, se genere un «perceptrón», o sistema de comunicación social que permita la «sinapsis», estos es que la idea [significación] emitida por el significador llegue íntegra y comprensiblemente al significante.

Es posible? Ciertamente lo es, pero no de fácil concreción. Simplemente porque como seres únicos, originales e irrepetibles que somos, no podemos pretender réplicas de uno mismo, que aseguren que una idea emergente de un ser vivo pueda ser captada e interpretada en el exacto sentido en que ha sido expresada. Hay en el centro de este proceso un enorme esfuerzo para interpretar a cada significante, sus necesidades, sus conceptualizaciones, sus límites, sus propias imágenes de la realidad que le condicionan la llegada de cualquier tipo de acercamiento discursivo.

Nos referimos a los «metaprogramas», que como halos rodean la ser vivo y que hacen que las sinapsis o contactos que le llegan del exterior adopten formas, ritmos, tonos, y acentos particulares que harán que cada uno interprete a su manera, los discursos que se le aproximan.

Son decodificadores personales, que cuando arriban las ondas de energía de otro ser vivo, se interpretan de forma especial y personal. No todos gustamos de la misma música, ni nos impacta de igual forma un cuadro, ni nos conmueve una apelación política, ni nos genera una misma actitud la oferta de un bien o servicio que el espacio mercado nos ofrece.

Esa oferta de bienes, servicios o emociones, se concreta a través de protocolos de interacción que cada significador pone en ejecución para atraer al significante a su conjunto de adhesión. Y siendo tan particulares, es una tarea complicada poder generar protocolos que emitan señales coherentes para todo el conjunto actual o potencialmente demandante. En el contexto político, social o económico, cada señal emitida, llega con especial significación a cada agente receptor, y de allí que una organización que se precie de tal, debe basar su interacción en principios que permitan ser legitimados, comprendidos, aprehendidos en su real sentido por la «otredad» a la que va dirigido.

Y este proceso es tan importante en una oferta de medicina de salud, en la exhibición de una muestra de arte plástico o en una propuesta de barricada política. Todas las ideas tratan de generar una organización, un conjunto de seres vivos que pueden llegar a compartir una experiencia sensorial, el goce de un bien o servicio o una decisión política. Porque todo es lo mismo, en última instancia: la interacción entre seres inteligentes, esto es que tienen capacidad de entender el discurso organizacional.

De ser entendidos, serán adoptados e incorporados por otras organizaciones para ser parte de su comprensión generalizada estandarizada y categorizada.

Allí empezaremos a tener una organización, cuando el actor significador sea reconocido y legitimado como real proveedor de los bienes o servicios requeridos y que el receptor tenga suficientes atribuciones para agregar o modificar los valores intrínsecos de ese discurso. Porque no hay discurso en una sola dirección. Se inicia en esta etapa un sistema de inter – textualidad y de inter – discursividad que es propia de los seres vivos exclusivamente.

Las rocas o los ríos no interactúan, pero las abejas con las margaritas inter -discuten sus habilidades para generar la floración y la inseminación. Por ello el discurso es en términos generales una aproximación a la «otredad» que con o sin palabras pueda generar la creación de un conjunto que no sea vacío, en otras palabras, una organización.

Parafraseando a Taylor y Van Every podríamos decir que

 Las organizaciones entonces pueden ser entendidas como productos de una actividad discursiva que produce acciones.
 El discurso entonces puede ser entendido como acciones o textos entendibles
 y por textos incorporamos a toda expresión simbólica o de aproximación al «otro» que necesita una acción física de transmisión y que pueda ser almacenado por el significante a través de algún proceso.

En el orden sistémico, en el que todo tiene que ver con todo, una organización socio económica entonces es un «artefacto» de interacción o «una generación del discurso».

Cada institución tiene su propio conjunto de acciones o actitudes [habladas o no], sus propios y diferenciados subconjuntos y escenarios, su nómina de protagonistas y también un orden específico de cómo se combinan.

Desde esta perspectiva, las organizaciones pueden ser concebidas como consecuencias de interacciones que generan acciones que pueden ser transmisibles a través del tiempo y del espacio.

Pero cuando el discurso es in – audito, es decir, no se ha oído, bien porque se ha expresado mal o bien porque se ha comprendido peor, la organización pierde su sentido social, económico, o político.

Y en ese caso su legitimidad en el espacio mercado no es reconocida, que es la peor de las consecuencias posibles.

© Alfredo Spilzinger

Acerca de alfredospilzinger

Doctor in Economy (UBA), Doctor of Business Administration (Pacific Western University), Master in Economy (UBA), Certified Public Accountant (UBA) Certified Fraud Examiner (USA)post degree in philosophy, post degree in mathematics, specialization in public finances (UK), specialization in quantum physics.(UBA) Lord of Brownsel (UK)
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