La extraña fragilidad del ser: La pasión por los extremos

Los extremos, fueron desde la Creación, la pasión de los seres vivos. De existencia natural o creados por el hombre, todos los viandantes de la corteza terrestre sintieron las fuerzas de los atractores que los llevaron a querer vivir en los extremos.

Desde el nacimiento, extremo inicial de la línea de la vida, hasta la extrema unción, la vida se moviliza entre esos límites.

Único ser vivo que conoce esos extremos vitales, el hombre transita su camino de vida atraído por los misterios de esos remotos puntos en su curva de vida, y los adopta como modelos.

Extremos, remotos, lejanos, drásticos, opuestos, esos paradigmas de alfa y omega de la vida llevan al individuo a considerar sus decisiones a la luz de esos modelos, pero al mismo tiempo a la sombra de la realidad.

Porque la vida transita en medio de esos extremos, en la complejidad, fuera del orden y del caos ambos casos de la no vida, de los no lugares [como dice Marc Auge] que se manifiestan siempre antes y después de nuestra existencia. Antes del encuentro de un esperma con un ovulo y en el valle de la paz

Es por esa razón que la pasión de vivir en los extremos nos acorta las posibilidades de realizarnos en algún área a nuestra elección porque vemos el blanco y el negro, pero no el gris, el capitalismo y el comunismo pero no las posiciones intermedias, los países ricos y los pobres, pero no los que viven en la compleja situación de la emergencia (de emerger, brotar, salir a la superficie, liberarse).

Al entenderse uno mismo en un extremo, lo que produce, es generar una espera a que la nada nos supere (en caso de la pasividad del orden total) o que la implosión nos conduzca a una salida liberadora (en el caso del caos revolucionario).

El orden total se encuentra finalmente y solo en los cementerios.

El caos total exclusivamente puede depararnos vapor donde antes hubo agua en ebullición.

Pero en ninguno de esos extremos habrá vida. Y en nuestra diaria actividad el impulso laboral nos lleva a veces a considerar exclusivamente que los conflictos pueden administrarse con ideas de la mano derecha o de la izquierda, pero no con ambas.

Extremo, con la misma raíz latina de externo, exterior, extranjero, simboliza el último de los grados tanto superior como inferior de una escala de valores.

Pero ninguno de nosotros formamos parte de una serie no evolutiva. Y en ese caso, nos encontramos en el camino de una evolución que ha comenzado hace muchos millones de años y culminará más allá de nosotros. No somos extremos ni podemos utilizar herramientas extremas para vivir la complejidad.

Es dable ver en un nuevo ejecutivo de una organización, o un presidente de un país, o un líder de un conjunto de seres, situarse en algunas oportunidades en esos extremos que le hacen pensar que lo anterior no vale, y que su misión en la vida es extremadamente trascendente, y debe en consecuencia reiniciar el camino de la organización, del país o de la asociación.

Y nada puede ser entendido como definitivamente extremo. Ni las posiciones sociales, ni las políticas ni las económicas.
Todo aquél que se olvida del pasado, tiene amplias posibilidades de cometer los mismos errores, afirmaba el filósofo Baruch Spinosa hacia 1670, cuando expresaba: “Si no quieres repetir el pasado, estúdialo”.

Transitamos una historia compleja, ni de mayor grado o menor intensidad que la de nuestros antepasados. Es igual, lo que ocurre es que las comunicaciones hoy permiten entender un ritmo de información y comunicación más veloz, lo que hace más rápida la percepción de la evolución.

Si no se quiere errar, deberá entenderse que la misión en esta trayectoria sobre la corteza terrestre es la de continuar el camino complejo de vivir en un mundo hipercompetitivo, como en la selva, no permitiendo ser uno mismo alimento de otro.

Deberá comprenderse la inexistencia de los extremos, por lo menos a nuestra vista, y que esa fragilidad por la pasión de vivir al borde del caos, no nos habrá de permitir acceder a soluciones efectivas. Estamos siempre tentados a correr hacia las fronteras, porque no hay nada más audaz ni excitante que cruzar la frontera, avizorar que pasa fuera de nuestro entorno, para volver y comparar.

Cuando hablamos de organizaciones sociales [países, corporaciones, fundaciones, lo que queráis] ponemos nuestra mirada en los extremos. Los ricos o los pobres, los de derecha o de izquierda, los fuertes o los débiles, los dirigistas o los liberales. Pero la pregunta consiguiente es cuánto hay que tener para ser rico, cuán fuerte es preciso ser para aparecer fuerte, cuán intervencionista debe ser alguien para no ser también un poco liberal.

La lógica borrosa, que tanto ha cautivado a los pensadores de este siglo que caminamos, nos pregunta cuanto hay que pesar para ser considerado gordo, o cuánto medir para ser alto. Vivimos en un mundo del que conocemos poco y terminamos poniendo marbetes y encasillando respuestas, simplemente para vivir más cómodamente en una lógica cartesiana, mecanicista, que nos ayuda a saber que apretando un botón en esta terminal de la serie, en el otro extremo se produce una reacción de naturaleza conocida. Y así nos conformamos con saber que hay espectáculos exclusivamente para mayores de 18 años, pero no  tenemos respuesta para el que tiene 17 años, once meses y 29 días.

Como expresaba el escritor inglés Alexander Pope, un poco antes que Spinosa

Situado en este istmo en el medio de un estado, un ser Humano borrosamente inteligente y rudamente grande

Con demasiado conocimiento para ser un escéptico, pero con mucha debilidad para un orgullo estoico

Se balancea entre dudando en hacer o esperar, dudando en juzgarse un Dios o una Bestia

Dudando en preferir su cuerpo o su mente y nacido para morir y razonando para errar”

© Alfredo Spilzinger

Acerca de alfredospilzinger

Doctor in Economy (UBA), Doctor of Business Administration (Pacific Western University), Master in Economy (UBA), Certified Public Accountant (UBA) Certified Fraud Examiner (USA)post degree in philosophy, post degree in mathematics, specialization in public finances (UK), specialization in quantum physics.(UBA) Lord of Brownsel (UK)
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