Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago

«La incertidumbre no es solamente una muy importante variable del escenario de la política monetaria, es una característica que define ese escenario…

 …Consecuentemente aún con los grandes avances de las capacidades de nuestros computadores y la enorme compresión de las interacciones económicas que tenemos, la base de nuestro conocimiento es malamente capaz de estar a la altura del permanente incremento de la complejidad de la economía global…

 … Una presunción de linearidad puede ser adecuada para una estimación de relaciones promedios, pero pocos pueden esperar que la economía responda linealmente a cualquier aberración.”

…Aunque algunas no linearidades son tomadas en cuenta en nuestras ejercitaciones de modelos, no podemos asegurar que nuestras simulaciones proveen razonables aproximaciones sobre el comportamiento de la economía en estos tiempos de shocks de gran trascendencia… 

…Cuáles son las implicancias de esta enorme irreducible incertidumbre? Una bien conocida propuesta, es que, bajo muy restrictivos conjuntos de presunciones, esa
incertidumbre no tiene efecto sobre las acciones que los agentes de la política económica deben tomar, y consecuentemente ellos deberían proceder como si conocieran precisamente esa estructura de la economía. Estas presunciones – linearidad en la estructura de la economía, un perfecto conocimiento de la sensibilidad de los intereses respecto de los gastos agregados y otros así llamados de escalada, y una muy específica actitud de los políticos acerca del riesgo – nunca se producen en el mundo real…

 …Por los conceptos mencionados, nosotros los políticos, más que confiar solamente en las interacciones expresadas en nuestros modelos formales, hemos tendido a
apoyarnos en más extensos aunque menos matemáticamente precisas hipótesis de cómo
el mundo funciona realmente…

 …Nuestro problema no es la complejidad de nuestros modelos sino la enorme complejidad de la economía mundial cuyos nexos subyacentes parecen estar en un continuo estado de onda»

Con estas palabras Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos, cerraba su discurso frente a los gobernadores de los bancos centrales de los diferentes estados en  la asamblea del 29 de agosto de 2003.

Pero esto es lo dijo,  pero no  lo hizo.

Fue presidente de la Reserva Federal exactamente 221 meses y 20 días, durante cuatro administraciones gubernamentales diferentes y se retiró el 1 de febrero de 2006. Exactamente 2 años, 5 meses y 8 días  después de su renuncia, Estados Unidos quedaba sumido en una tragedia financiera que  hasta hoy moviliza las estructuras económicas
de todo el planeta.

Durante su  mandato, nunca se refirió a las negligentes faltas de regulación de la  actividad financiera, ni  a la lentitud  del gobierno americano en adoptar posiciones de contralor ni siquiera se preocupó de alertar a la población que seguía sus palabras como  las de un gurú fantasmal, que el sistema  complejo que es la  vida no permite seguir  manejando la
economía del mundo con una formula algebraica en  la  que danzan alocadamente signos en griego al que solo tienen acceso los iniciados en el rito sagrado.

Lo único que  se supo de él, es su autocrítica en un libro en el que se  ocupó de distribuir culpas y cargos entre sus gobernantes.

The age of turbulence» aparecido en  2007, es una  suerte de memoria autobiográfica, con
epítetos hacia George W. Bush [que poco antes lo confirmara en su cargo] y críticas a los niveles académicos de la  educación norteamericana. Obviamente nunca se refirió a esos temas durante  su prolongada en exceso gestión a cargo de la regulación monetaria del imperio americano.

Pero  no es sobre Greenspan que  debemos referirnos. Hablar de lo que dicen los  hombres es de muy bajo nivel, hablar de lo que los hombres son es de nivel primario. Debemos
debatir sobre las ideas de los hombres, esa energía puesta en movimiento en  nuestro cerebro de primate avanzado, para poder especular sobre lo que debemos hacer para completar un mundo que quedó a mitad de camino.

Vivimos en un mundo incompleto. Es nuestra tarea continuar su construcción con modelos que  nos sean apropiados. Con variables que reconozcan la complejidad de los elementos que nos componen, seres vivos que abandonamos la fórmula cartesiana del «pienso luego existo» para reemplazarla por la de «interactúo luego existo»

El Everest, el Sahara o las pirámides egipcias no existen porque no interactúan. Están, que no es lo mismo. Interactúa el elefante, la pulga o el rinoceronte, la rosa, el colibrí o el hombre. Y a estos últimos no los podemos manejar con un destornillador o con una fórmula matemática.

Esto no es más ni menos que la hipocresía liberal de armar discursos de elevada intelectualidad reconociendo que somos seres vivos que interactuamos. Pero en el terreno de los hechos solo nos dejan una fórmula algebraica que mezcla elementos para obtener como resultado un cocktail aromático, de brillantes colores pero que termina embriagándonos para no sentir que funcionamos como una arandela más de un engranaje montado para beneficio de algunos.

Habitamos un planeta repleto de predicadores que reconocen la volatilidad de las personas que transcurren en el camino de la vida, pero que se aferran a caracteres griegos que incorporan a fórmulas que les prestigian.

Si no son solemnes como pueden ser candidatos a un Nobel.

Si no son complicados para expresarse, como ganar adeptos para su tribu de admiradores.

El día que podamos todos entender que la vida es compleja pero no complicada, que es interacción de energías que emiten nosotros, sus agentes, ese día empezaremos a ser dignos de nosotros mismos. A dejar de engañarnos con falsas idolatrías. A dejar de ser artefactos para ser entes vivos.

© Alfredo Spilzinger

Acerca de alfredospilzinger

Doctor in Economy (UBA), Doctor of Business Administration (Pacific Western University), Master in Economy (UBA), Certified Public Accountant (UBA) Certified Fraud Examiner (USA)post degree in philosophy, post degree in mathematics, specialization in public finances (UK), specialization in quantum physics.(UBA) Lord of Brownsel (UK)
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