Los valores

No existe hoy corporación, asociación o grupo empresario, que no se precie de moderna y profesionalmente definida, que no exhiba en su frontispicio, la mención de sus «valores».

Fruto de las presentes herramientas de gerenciamiento que emergen de los textos originados en el hemisferio norte, toda empresa que desee enfrentar al universo de demandantes globalizados, no puede permitirse la libertad de no mencionar cuál es su visión, su misión y fundamentalmente sus valores.

Se refieren obviamente a aquellos principios que la organización valora primordialmente para cumplir con sus objetivos, y si analizamos las diferentes opciones que se nos presentan al analizar los discursos de las distintas corporaciones, ciertamente nos encontraremos con caminos paralelos, cuando no sutil y básicamente duplicados.

Nadie mencionará panfletariamente que sus valores transitan por el camino de la maximización de los beneficios, ni del acoplamiento de las transacciones con la línea que se intersecta con las de los gobiernos de turno, ni del valor que suele darse al monopolio que en muchos casos se ejerce.

Por el contrario, nos encontraremos con citas alegóricas al cuidado del medio ambiente, a lo que significa el capital humano de la organización, o el nivel de trascendencia, antes que ningún otro, que los clientes / ciudadanos / demandantes tienen para la organización.

Leer esos valores en las presentaciones de las organizaciones, nos llena de un inusitado gozo, ya que creer en todos esos principios fundamentales, nos imagina estar transitando un mundo perfecto, un camino sembrado de rosas de todos los tonos que se alternan con gorjeos de aves que nos acompañan musicalmente en nuestro camino por la vida.

Qué más podemos pedir a nuestras organizaciones?

Los mejores escribas han iluminado sus privilegiadas mentes para escribir esos valores que nos recitan los introitos de cada folleto, sitio de Internet, o presentación de cualquier tipo de organismo con sus mejores palabras. Al leerlos llegamos a creer que nuestro vivir mundano no puede ser mejor.

Si por un momento, pudiésemos recopilar todos esos valores descriptos y editar una suerte de libro sagrado de la vida, por no resultar gnósticamente incorrecto y hablar de una Biblia, tendríamos en nuestras manos el perfil de un mundo perfecto. Porque todo lo que se produce o comercializa es a imagen y semejanza de un Edén en cuyo territorio no existen las maldades ni los fraudes ni las mentiras.

Los clientes somos la principal prioridad de las empresas, los ciudadanos somos el objetivo único de los gobiernos, los empleados somos el mejor capital humano que se puede encontrar sobre la faz de la tierra y aun peor sin nosotros sería imposible hacer nada.

Los servicios que nos prestan son solo para nuestra comodidad, y se nos atiende en cualquier agujero recóndito del mundo donde lleguemos a habitar.

Los precios que nos ofrecen son imbatibles e inconexos con toda falta de ética comercial. Los fondos depositados en las instituciones financieras son custodiados día y noche personalmente por la alta gerencia para evitar nuestra preocupación sobre su destino. Las ganancias que obtendremos, serán las mejores de conseguir en esta galaxia.

Entonces cual es nuestra queja en este mundo post moderno? Tenemos las mejores organizaciones solamente pensando en nosotros. Y si repetimos nuestra pregunta, que más podemos pedir a esos valores?

Respondemos: Que se cumplan.

A partir de la década infame que comenzó en diciembre de 2001, el mundo entero entró en convulsiones permanentes que movieron las estructuras más sólidas sobre las que estamos parados, basadas en esos mismos valores. Asistimos a quiebras de organizaciones como la de United Airlines, Pacific Gas and Electric, Global Crossing, Refco, Financial Corporation of America, Texaco, Conseco, Enron, Worldcom, Lehman Brothers entre otras, cuyos pasivos superaron los 1.052 millones de dólares.

La nívea Parmalat, nos asombró en aquel mismo año con un faltante de caja de 5.000 millones de dólares en una cuenta del City Bank en Gran Cayman, que se transformó en un desfalco total de 18.000 millones de euros. Terminó esta historia con la intervención de la empresa por parte del gobierno italiano, que derivó en una sentencia de 18 años de prisión para su fundador y presidente Calixto Tanzi. Mientras tanto para evitar discusiones con la justicia, su director financiero Fausto Tonna tomaba la decisión de acortar el camino al cementerio y se suicidaba exactamente en el preciso momento en que su esposa – Antonella Alinovi – retiraba furtivamente dineros de cuentas bancarias no declaradas.

Los valores de Parmalat, que aun se leen en sus folletos hablan de « su compromiso con los estándares más altos en su gobierno corporativo y de responsabilidad social de todo el grupo accionario. Estamos comprometidos a una práctica de negocios ética, honesta, de buena fe y cumpliendo al extremo con las leyes que regulan nuestros negocios.»

Sin comentarios.

Otras organizaciones como General Motors no quebró por la asistencia recibida de la Secretaría del Tesoro de los Estados Unidos para paliar un pasivo de 176.400 millones de dólares, suma casi equivalente a la deuda externa argentina. Con esta asistencia inmediata, gratuita, y generosa evitó su quiebra y pudo salvar a su vez a Chrysler a la que adquirió con pasivos por más de 30.000 millones de dólares. En 2001, como sabemos, el tsunami de

Enron se llevó por delante a Arthur Andersen, una de las auditoras integrante del grupo selecto conocido como las «Big Five». En sólo 90 días desaparecía bajo las aguas enlodazadas una de las más prestigiosas firmas del ámbito profesional.

Otro de los tantos episodios vinculados a los valores de las corporaciones es el de AIG. Luego de un reconocido fraude contable perpetrado en 2004, que le costó una multa de 1.600 millones de dólares, esa reconocida compañía de seguros, con presencia en 130 países, caía en el abismo de la insolvencia más insólita. El gobierno de los Estados Unidos resolvió no dejarla arrojarse al abismo profundo de los caídos, decidiendo su nacionalización con una inyección también gratuita, generosa e inmediata de 85.000 millones de dólares.

Entre los valores recitados por AIG en su presentación expresa[hasta el día de hoy] que uno de los más importantes es « el Interés por los clientes. Anticipamos sus prioridades. Superamos sus expectativas.»

Nuevamente silencios.

Pero aun más, pero no mejor, desde la turbulencia de los mercados que comenzó físicamente el 8 de octubre de 2008 y aún sentimos hoy en la forma como trepida nuestro terreno corporativo, solamente en los Estados Unidos quebraron hasta el 31 de mayo de 2011, la increíble cantidad de 366 bancos, según las cifras denunciadas por la Superintendencia de Bancos de Estados Unidos, cuya tendencia expresa una progresión alarmante:

  •  2011: 44 entidades
  • 2010 : 157 entidades
  • 2009:  140 entidades
  • 2008 : 25 entidades

En todas esas instituciones sus presentaciones venían precedidas de valores similares a los que hemos comentado. Pero si nos prometieron valores todos ellos, que compendiaban la fórmula del elixir de la eterna dicha y nos prometían la felicidad total.

Lo que ocurre es que el origen griego de la palabra «valor» es «honor» y este último no se escribe ni se recita. Se practica.

No nos pase como a Goldman Sachs el banco norteamericano que el 16 de abril de 2010 fue acusado de fraude por la SEC por las hipotecas sub – prime, tema aún en litigio judicial, mientras sus clientes pueden depositar sus fondos confiados, siguiendo los consejos de su presentación donde el banco declama «que la integridad y la honestidad son el corazón de nuestros negocios, obligando a todo nuestro personal a mantener elevados niveles de ética en todo lo que hacen, tanto en su trabajo como en sus vidas personales»

Dejamos como final de esta historia el caso de Bernard Madoff, con una estafa calculada en 68.000 millones de dólares [algo así como el 11% del PIB de la Argentina], que concluyó con miles de estafados por los valores enunciados en la presentación de Bernard Madoxx Investment Securities LLC, y con la sentencia a 150 años de prisión de Madoff y el suicidio de su hijo Mark, dos años después.

Conozco personalmente a quienes todavía hoy persiguen a Madoff por el cobro de sus acreencias, con documentos ya sin valor pero añadidos a los folletos de la compañía donde se expresan en caracteres altisonantes los altos valores de la corporación.

Mi propuesta definitiva es que las organizaciones que se sientan con honor, abandonen la idea de escribir sobre los valores. No nos escriban más historias de ángeles guardianes en las que aparecemos como los tocados por la mano de la ventura personal cada vez que nos acercamos a ellos.

Preferimos que no nos mientan y nos digan realmente lo que piensan hacer. Es probable que pierdan clientes / ciudadanos / demandantes en ese caso, pero al menos ganarán la confianza que los valores que recitan, al menos los cumplen.

El honor es una cualidad moral, mientras los valores son meras disertaciones sobre lo que los consumidores / clientes / accionistas / ciudadanos desean escuchar de sus proveedores / prestadores / corporaciones / gobiernos.

Lamentable reacción póstuma de nosotros ciudadanos, basada en el derecho, lícitamente avalado por los gurúes del gerenciamiento, de habernos equivocado creyendo en esas fábulas.

© Alfredo Spilzinger

Acerca de alfredospilzinger

Doctor in Economy (UBA), Doctor of Business Administration (Pacific Western University), Master in Economy (UBA), Certified Public Accountant (UBA) Certified Fraud Examiner (USA)post degree in philosophy, post degree in mathematics, specialization in public finances (UK), specialization in quantum physics.(UBA) Lord of Brownsel (UK)
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