El Gobierno

Todas las organizaciones creadas por el ser vivo – naciones,  corporaciones, asociaciones civiles, partidos políticos, y cualquier otra  que  podamos imaginarnos – buscan desde
su mismo origen una  forma hábil para su gobierno.

Desde los círculos tribales reunidos alrededor del fuego, que no debía apagarse, hasta los directorios de organismos internacionales, los seres bucean en el océano de posibilidades las mejores prácticas para conducirse, esto es para cumplir sus objetivos.

Y esto significa aportar los esfuerzos necesarios para no caer en la tentación del caos, y poder vivir en la complejidad, sin por ello, desear el orden total. Porque justamente somos seres vivos, libres y actuantes, y consecuentemente el orden total solo se encuentra en el cementerio. Allí hay entropía máxima, lo que significa que nada se transforma y ya no hay pérdida de energía. Tampoco se genera más energía.

Pero entonces, qué es gobernar? Y en este punto crucial de nuestro camino, nos encontramos con las diversas teorías sobre las distintas metodologías que cuánto intelectual ha podido, ha escrito sobre el tema.

Con la humildad de nuestro conocimiento puesto a prueba, no intentaremos lo  mismo. Seguramente nos conduciría a un nuevo fracaso, como el advertido en las organizaciones que hoy mismo, sufren los traspiés de gobiernos poco hábiles para conducirlas. Desde
países en disolución social hasta corporaciones internacionales quebradas abundan  múltiples ejemplos de  gobiernos fallidos.

Intentemos definir que es gobernar. Y por tomar al azar un punto de  salida para nuestras
cavilaciones recordemos la frase de Juan Bautista Alberdi, redactor de la Constitución Argentina, cuando expresó que gobernar es poblar. Y tomamos este ejemplo simplemente porque vivimos en este territorio, y es la carta magna que nos guía. El mismo Alberdi debió aclarar en Paris en 1879: «Como se pone bajo mi nombre, a cada paso, la
máxima de mi libro BASES, de que en América gobernar es poblar, estoy obligado
a explicarla, para no tener que responder de acepciones y aplicaciones…Gobernar
es poblar en el sentido que poblar es educar, mejorar, civilizar, enriquecer y
engrandecer espontánea y rápidamente…»

Y en ese sentido desde allí podemos comenzar a desgranar el  sentido de gobierno – en el más amplio concepto de su aplicación civil, oficial o comercial –  y nos genera  reflexiones con la siguiente red de interacciones.

  • gobernar es educar
  • educar es perfeccionar
  • perfeccionar es mejorar
  • mejorar  es adelantar
  • adelantar  es anticipar
  • anticipar  es prever
  • prever  es conocer
  • conocer es inferir
  • inferir es conducir
  • conducir es guiar
  • guiar  es gobernar

Gobernar entonces no es una función. Es un  proceso.

El objetivo de cualquier gobierno entonces es el camino mismo y  no el destino. Un camino que se nutre de la retroalimentación de las propias experiencias recogidas al andar.

Nos queda nada más que andar ese camino. De lo contrario nos quedaremos detenidos en alguno de sus etapas intermedias  y entonces es seguro que volveremos a fracasar.

Quien llega a gobernar una institución, debe tener en cuenta primordialmente el objetivo que se propone su organización.  Y más allá de lo que fuere escrito, cualquier objetivo secundario debe dar lugar al primero y esencial: legitimarse. Desde el Vaticano hasta el más reducido mercado pueblerino, su misión primaria es legitimarse ante quienes son sus integrantes internos y externos. Sus proveedores y sus clientes. Sus componentes y sus feligreses. Sus oferentes y sus demandantes.

Legitimarse es definitivamente ser reconocidos por la «otredad». Si no nos reconocen, simplemente no existimos. Recordemos que el «cogito cartesiano» de «pienso luego
existo
» ya fue reemplazado por el «interactúo luego existo»

Y para lograr esa legitimación, el gobierno nunca puede ser individual. No hay seres extraordinarios ni gurúes trascendentales capaces de liderar en soledad una organización. Porque justamente dijimos antes que el gobierno es un proceso. Y un proceso es un flujo de acciones en las que todos los integrantes están sinérgicamente interconectados.

La teoría de la agencia, tan difundida por las escuelas de negocios del norte económico del planeta, introdujo la idea que las corporaciones debían ser manejadas por profesionales que no tuvieran ninguna relación con los verdaderos dueños de esas corporaciones. Aun en los casos de empresas listadas en los mercados de acciones  internacionales, siempre hay dueños de tenencias representativas de una porción de propiedad importante.

Y tenemos a nuestro deredor, ejemplos magníficos de cómo han terminado esos procesos de gerenciamiento por agencia. Quiebras y  fraudes, que concluyen en detenciones y en suicidios.

Todos los folletos de cualquier  corporación del mundo mencionan el enorme valor de sus integrantes – cualquiera fuere su posición – y el de sus clientes. Entonces el gobierno no es el Gerente General, el CEO o como demos en llamarle. El poder real está en  todos los que  componen la organización y aun  más con la adición de la retroalimentación que generan sus clientes. [Salvo que estemos frente a un monopolio exclusivo y extraordinario]

Todos los gobiernos del mundo, hablan en sus constituciones  que las leyes fundamentales se han dictado por voluntad  del pueblo [Recordemos «We the people of the United States…» en la constitución norteamericana, o «Nos los representantes del pueblo…», en la constitución Argentina] .Entonces el gobierno no es el presidente de una nación, ni siquiera los tres poderes republicanos juntos, el poder reside siempre en sus ciudadanos.
[Salvo que estemos frente  a una tiranía]

Para los griegos gobernar era conducir una nave a puerto [κυβερνῶ y de allí al latín gŭberno]. Es cierto que alguien está en el timón. Pero sin tripulación en cada uno de los lugares de responsabilidad no hay viaje que termine bien [salvo que sean todos ineptos como en el caso del Titanic]. Y sin pasajeros, el viaje tampoco tiene sentido [salvo que se trate de Vito Dumas el navegante solitario].

Gobernar es entonces, producir un flujo de interacciones entre el universo de componentes de una organización.

Si así lo entendemos, llegaremos a legitimar ese organismo.

Si se legitima, entonces existe.

Si existe habremos cumplido el objetivo primordial para el que fue creado.

© Alfredo Spilzinger

Acerca de alfredospilzinger

Doctor in Economy (UBA), Doctor of Business Administration (Pacific Western University), Master in Economy (UBA), Certified Public Accountant (UBA) Certified Fraud Examiner (USA)post degree in philosophy, post degree in mathematics, specialization in public finances (UK), specialization in quantum physics.(UBA) Lord of Brownsel (UK)
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