Re ● sistiré

Yo ni insistiré, ni desistiré. Resistiré. Evitaré que la modernidad me deje obsoleto, y me levantaré contra todos los silencios que preceden  a los que sucumben. Aquéllos
que los fantasmas de crisis conocidas, de finales de civilización, de desconocimiento del futuro los hace insomnes buscadores de respuestas, cuando las tienen al lado.

Deseo «pervivir» esto es, estar vivo hasta un segundo antes de morir. Y estar vivo, significa ser parte de un mundo en el que nos incumbe ser artistas únicos en este sistema planetario que nos acoge. Y para ello debemos buscar las soluciones en nuestro propio ser y nuestro origen.

Porque este introito? El hemisferio norte [no geográfico sino socio económico] se está resquebrajando cual templo filisteo bajo los brazos de Sansón. Y la mención a estas vidas paralelas [Sansón y el hemisferio norte] no es traída a este escenario por simple casualidad.

La narrativa bíblica sobre este personaje, que finaliza su vida como Juez de Israel, dicen los eruditos, usa muchos estilos en forma paralela: anticipación y repetición, retardo y moderación, asonancia y contraste, doble sentido y humor, hipérbole y suspenso. [Las mujeres filisteas, su dis – respeto a los votos religiosos, sus andanzas y su matrimonio con
Dalila, entre otras]

La historia social de un hemisferio norte comprometido con la democracia y el capitalismo desde fines del siglo XVIII – es decir solo con 200 años de antigüedad – usa esos mismos artificios narrativos, si es que lo estudiamos con realismo.

Un modelo a veces lento y en otros bélico, Una anticipación a la guerra de las galaxias al mismo tiempo que una miseria deliberadamente olvidada. Un tercer Reich demoledor y su historia hoy olvidada en un desván. Un humor italianísimo que enfrenta a un doble comando británico. Un fraude norteamericano que estimula un rescate a los más poderosos. Un suspenso en las decisiones sobre garantías financieras de un Estado y un final que nadie desea, pero que se presume.

Es Sansón, que emerge de su propio pecado, ciego y debilitado, quien reconoce su  responsabilidad y apela al Eterno en pos de una fuerza final para destruir y destruirse. Parece una historia escrita hoy.

Ese hemisferio norte trae tormentas. Sostiene su hegemonía con parábolas y frases altisonantes. Con alianzas que pretenden fortalecer los vínculos perdidos u olvidados y tratar de sonar música acompasada, mientras las variables de la economía hacen disonancia.

Pero yo resistiré.  Re ● sistiré. Como expresaban los latinos, colocar las cosas dos veces en su lugar [re ● sisto]

Porque como arguye la psicología hoy, es que las personas son mucho más fuertes de lo que la psicología misma ha venido considerando porque «el hombre que se levanta es aún más fuerte que el que no ha caído».

Y como los efluvios de esta crisis impensada llegarán si dudas a estas costas de la economía austral, en mayor o menor medida, es necesario enfrentar sus consecuencias con creatividad y sobre todo pragmatismo.

Quien dijera lo contrario, esto es que nada nos ocurrirá, es una suerte de nuevo Sansón, quien en su época desafiando las leyes hebraicas, lo llevaron a descreer de sus votos, terminando su vida ciego y sin poder.

Somos, en cambio, parte de una sociedad holística en la que todo tiene que ver con todo y nadie puede sentirse libre de los efectos de un tsunami financiero como el que estamos viviendo.

En lugar de ignorarlo, resistamos. No existe una respuesta unidimensional para todo el universo de personas y organizaciones.  Cada conjunto de seres debe resistir de acuerdo con su posición relativa dentro del mundo contemporáneo. Reacciones que son únicas y temporalmente diferentes a cualquier cosa que hayamos vivido antes.

La resiliencia es esa capacidad del ser humano de mutar para flexibilizar sus reacciones y adaptarse a las condiciones permanentemente cambiantes del hábitat que le hieren. Así se logra extinguir para siempre el concepto de vulnerabilidad, como la ha afirmado Stanislaw Tomkiewicz. Allí debemos actuar.

Muchos creen que los acontecimientos que vivimos en el orden económico y financiero, así como en la esfera política, son símbolos que nos preparan para un  Apocalipsis a punto de
consumarse. Y esas reacciones conllevan a agravar las crisis en lugar de encontrarles a ellas una respuesta.

Como afirmaba el filosofo francés Giles Deleuze, «pensar es crear, crear es resistir. Toda creación de vida es ya en sí misma resistencia: frente a la abyección y la imbecilidad del fascismo reinante que reduce toda vida a su macabra y zafia parodia, los libros de filosofía tanto como las obras de arte tienen eso en común, la resistencia «a la muerte, a la servidumbre, a lo intolerable, a la vergüenza, al presente».

Quizá una de las primeras tareas sea cambiar las creencias culturales y la terminología arraigada en nuestras sociedades. Como ejemplo de nuestro pesimismo arcaico se ve reflejado en la información que recibimos en medios gráficos, televisivos o digitales. Solo las experiencias traumáticas de la vida diaria, las batallas, los homicidios o las quiebras corporativas son hoy noticia.

No hay un solo instante de felicidad  en el mundo que llegue con espíritu positivo o de aprendizaje. Parecen no ser parte de nuestra vida de relación. Pero sabemos que existen y los vivimos. Pero no los contamos.

O aun peor, hay quienes se refieren a las catástrofes con términos que desprecian el profundo dolor que implican. Definir  como a una «primavera árabe» a los enfrentamientos en las orillas del Mediterráneo, es ciertamente una burla a los miles de muertos en combates en Libia, Siria, Túnez, Egipto o Bahrein.

Es necesario, sino imprescindible, caminar a través de un atajo que nos libere de los usos y costumbres adquiridas para encontrar respuestas a nuestra resistencia. Y esos modelos, solo podremos hallarlos si se observa el ser vivo y su hábitat como un sistema complejo.

Admiremos a nuestro alrededor, cómo el resto de los seres vivos resiste y adoptemos ejemplos replicables. El hilo de acero, ha logrado una resistencia de 3.000 megapascales, mientras que la seda de la humilde araña de la especie Araneus puede llegar a 4.000. [equivalente a 4.078.864.851,9 kilos por metro cuadrado = 4,08×10⁹]. Ese, hasta temido artrópodo, caza, se alimenta, se guarece y hasta se transporta por medio de esa telaraña, artificio que tiene la mayor resistencia hasta ahora conocida.

Sólo para comparar, una gota de agua en reposo puede ejercer una presión de 25 Pascales, mientras una persona de pie, puede hacer una presión sobre el suelo de unos 15 000 Pascales [un Megapascal es igual a 10⁶ Pascales].

Heráclito de Efeso, decía cuatro siglos antes de la era común, que nunca podremos mojarnos dos veces en la misma agua. Todo es cambiante, dinámico y mutante y en esos procesos, tenemos respuestas positivas y otras negativas. Algunas de alegrías y otras de decepción.

Pero para resistir adecuadamente a los avatares que auto generamos o aquéllos que vienen desde fuera de nuestro entorno, debemos abandonar los modelos de acción y reacción mecánicas, que se originaron en los principios cartesianos.

Se ha dicho que un modelo está presente en toda la obra de Deleuze: «pensar es crear»  y «crear es resistir». El pensamiento es creación, y ello se genera en forma binaria

  • por un lado, según las  modalidades y especificidades  que adquiriere [arte,
    filosofía, ciencia] crea, respectivamente, sensaciones, conceptos y funciones
  • por otro, más profundamente, esa creación es, en un mismo movimiento, creación de nuevas posibilidades de vida.

La resistencia, cuando se conjuga entre todos los entes de un conjunto social consigue óptimos resultados. Un trabajo en red es tremendamente superior en su desempeño que aquél que se realiza individualmente.

Pensemos solamente que una red que consta de 25 nodos – digamos – si le damos a cada nodo un valor arbitrario de 2 unidades, el valor de la red será igual a 50 unidades. Pero si los nodos interactúan entre sí, todos con todos, el valor de la red será igual a 2²⁵, esto es 33.554.432 unidades. Vaya la diferencia.

Para esa interacción es preciso comunicarse. Intercomunicarse. Ser altavoz y micrófono al mismo  tiempo. Porque así se comportan las bacterias en nuestro organismo, que conviven en cantidades muy superiores al total de los habitantes del planeta.

Como lo ha analizado el destacado profesor Eshel Ben Jacob de la  Universidad de Tel Aviv, las bacterias que  habitan dentro de cada uno de nosotros  frente a problemas de
pervivencia, se transforman en esporas  y se reproducen cuando la situación mejora y ya no necesitan ser esporas. Es aquí donde decisiones del estilo del dilema del prisionero – sobre el que profundizaremos en otro momento –  entra en escena. En la situación de las bacterias, no hay dos sino trillones de participantes, y tienen una cantidad de tiempo muy limitada para decidir, expresa el profesor Ben Jacob.

Cada bacteria tiene que decidir si cooperará [convirtiéndose todas en esporas] o no, con lo cual entrarán en el estado de competencia. Y, a diferencia de la situación de los prisioneros, un reloj o cronómetro interno está puesto en marcha. Cada bacteria envía mensajes químicos sobre sus intenciones.

Ben Jacob dijo que las bacterias «usualmente no mienten» sobre sus propios planes, pero la minoría que lo hace tiene una oportunidad de ser sobreviviente. Las bacterias que «no quieren hacer trampa pospondrán su decisión, viendo cómo se formulan las decisiones de las otras bacterias».

«La eficiente adaptación de la colonia de bacterias a las condiciones cada vez más adversas, requiere de autoorganización en todos los niveles –lo que se puede alcanzar sólo a través del comportamiento cooperativo de las células individuales.

Con ese propósito, las bacterias se comunican por un amplio repertorio de agentes bioquímicos. Los mensajes bioquímicos también son utilizados, en la comunicación lingüística bacteriana, para el intercambio de información significativa entre las colonias de diversas especies, e incluso con otros organismos.

Colectivamente, las bacterias pueden conseguir información del medio ambiente y de otros organismos, interpretar la información, desarrollar conocimientos comunes y aprender de experiencias pasadas»

Las bacterias se comunican entre sí, se alinean con decisiones vitales y actúan en conjunto. No podremos los continentes de esas bacterias accionar nuestras resistencias en forma similar?

Obviamente existe una tendencia muy marcada del ser humano a interpretar los hechos en el sentido de sus creencias y expectativas y generar aquello de las profecías autocumplidas,

Una experiencia traumática es siempre negativa, pero lo que suceda a partir de ella depende de cada persona, escribía el psicólogo Viktor  Frankl. Y es el conjunto de los
seres vivos, los que  deben decidir «vegetar o derrumbarse».

Como las arañas, como las bacterias: re ● sistamos. Que es  en definitiva una forma  de mutar  creativamente.  Pero en conjunto.

© Alfredo Spilzinger

 

Acerca de alfredospilzinger

Doctor in Economy (UBA), Doctor of Business Administration (Pacific Western University), Master in Economy (UBA), Certified Public Accountant (UBA) Certified Fraud Examiner (USA)post degree in philosophy, post degree in mathematics, specialization in public finances (UK), specialization in quantum physics.(UBA) Lord of Brownsel (UK)
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