La profecía autocumplida

En un lugar de los Estados Unidos, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo [1968] vivían un psicólogo Robert Rosenthal y una educadora Lenore Jacobson. Es pues de saber, que estos sobredichos profesionales, los ratos que estaban ociosos, se daban a hacer experimentos sobre el comportamiento humano, tal que olvidaron casi de todo punto el ejercicio de la profesión, para dedicarse a comprender las acciones, las reacciones y las interacciones del ser humano.

Y en ese comprender, diría don  Quixote , ambos especialistas se inclinaron a querer más que a su vida, a la hermosa Galatea. Como el  mítico dios Pigmalyon, diéronse cuenta que su obra perfecta [la blanca Galatea de mármol] , podía tomar vida y al convertirse en su realidad más preciada, poder enamorarse de ella.

En este orden, acuñaron Rosenthal y Jacobsen su famosa teoría de la profecía autocumplida, o mito de Pygmalion. Ocurre fuera de la  mitología, que las organizaciones sociales, son creadas con el propósito de generar para los seres vivos, asistencia para su
vida [alimentos, vestido, alojamiento, educación, transporte, ocio]. Y generan acciones,  interacciones, y asimismo creaciones, de las que también se enamoran.  Otras
Galateas.

En esa interacción  aparecen  las variables aleatorias de una verdad impredecible, emergente y adaptativa. Cada ser ilumina su futuro con profecías que nacen de su experiencia genética y adquirida. Lo que conocemos hoy como condicionamientos
epigenéticos, al decir de Edward Wilson.  Esto es, los genes heredados y luego adaptados
por mutación a las condiciones del hábitat que a cada uno le corresponden.

Y cada ser vivo tiene dentro de si a un profeta escondido, que se entretiene en dibujar futurismos. Prospectivas, diríamos. O ansiedades de ilusiones propias, quizás. Es una
suerte de locura que genera escenarios necesarios para que nuestra suerte caiga en «cara» en vez de «cruz». O a la inversa.

Nuestro Don Quixote nos decía  que «Para un caballero errante ser él mismo loco, por cualquier razón no merita crédito ni agradecimiento, el punto es ser loco sin justificación»

Y en esa locura sin justificación nos permitimos alinear nuestras voluntades  para que ese
producto de nuestra profecía sea realidad. Deseamos ver a nuestra figura de mármol Galatea, adquirir vida.

Pero como interactuamos, esto es lo hacemos en combinación con las voluntades de nuestros congéneres, la energía que volcamos al sistema se potencia. Es toda materia o  energía al final del día.

Un pensamiento que se traduce en una idea, fundamento de una creación, es energía del cerebro que se convierte en una imagen. Es energía que volcamos al espacio mercado. Y siguiendo a Einstein, si esa energía se potencia con las de nuestros coterráneos, resulta posible que a una velocidad equivalente al cuadrado de la velocidad de difusión de la  luz, se convierta en realidad.

Los profetas fueron siempre los intermediarios entre el presente y el posible futuro. Lectores de señales, de símbolos y de alegorías, intérpretes de los dioses, dictaban un futuro. Lo hacían normalmente en verso y sus admoniciones cambiaban según el momento.

Eran lamentos y predicciones de extinción de los seres sobre la tierra que  pasaban a ser futuros prolíficos  de prosperidad y abundancia. Todo ello, por venganza o por alegría  de los dioses, que a la sazón  cada profeta solía interpretar.

Los profetas entonces, siempre hicieron su aparición en momentos de crisis en la historia de los seres humanos. Crisis, en el sentido complejo. Cuando una curva puede tomar cualquier avenida entre muchas que se le abren. Crisis como síntoma y no como enfermedad.

Un sistema dinámico  es tanto más sensible en su desarrollo, en cuanto al nivel de la inestabilidad y las variaciones en sus condiciones iniciales. Pequeñas variaciones en dichas condiciones iniciales, implican grandes disturbios en su comportamiento futuro.

De hecho, impredecible. Es lo que se conoce en lenguaje doméstico como la teoría  del  caos. Caos como desorden. Como la aparición de puntos emergentes en su desarrollo, que hacen imposible su predicción.

Y esas profecías, que nos han legado, casi siempre se concretaban. Una de las razones más pragmáticas para ello, es la interpretación que,  desde Isaías hasta  Juan el Bautista, y luego Mahoma [sólo por dar ejemplos]  esas premoniciones solo han  llegado a nosotros a través del rastro dejado por algunas y variadas plumas sobre los  papiros dejados por sus seguidores.

Y por cierto, esas escrituras fueron  siempre redactadas y dadas a conocer « ex – post » como dicen  los  economistas. Luego que el resultado se conociera, lo expresarían en términos más simples los restantes citadinos.

Los acontecimientos de la historia de la humanidad terráquea, expresaban ciertamente inestabilidades más  que evidentes en sus valores iniciales. Crisis entonces era más
que  probable que se produjeran. Consecuentemente, las profecías tenían opción de aparición más que seguro y a cortos intervalos.

Y hoy,  no aparecen profetas del bien o del  mal? Por cierto que en  sí. Ya no pretenden ser mensajeros  de voces del mas allá, sino simplemente voceadores de hipótesis del más acá. Pero ese voceo, como hemos reflexionado, es transmisión de pensamientos, que se conforman en ideas y éstas en predicciones. Son simplemente flujos de energía. Como la que nos asiste en un interruptor a aprender o apagar la luz.

Y cuando muchas voluntades emiten al espacio su energía en forma conjunta, esa profecía se cumple. En realidad se auto  cumple.

Ya lo estudió el filósofo / psicólogo / médico francés Gustavo Le Bon en su psicología de masas, por la que explicaba la  diferencia sustancial entre comportamiento individual y el colectivo. Pero en ese momento [1895] no existían los instrumentos multimediáticos con los que contamos hoy.

Imaginen a Le Bon analizando a un sutil comentarista de un noticiero televisivo, [por favor es solo un ejemplo] que con su impertérrita cara informa sucesivamente la alegría por un resultado de un partido de fútbol, la tristeza por la violación seguida de muerte de  una menor de 12 años y a continuación el asombro por una gigantesca defraudación de millones de dólares por parte de un funcionario corrupto. Y todo esto en pocos minutos y sin solución de continuidad.

Es suficiente que el mismo profeta agregue que es preciso  tomar medidas urgentes contra ciertos estamentos, para que esa energía que irradia al espacio, inflame las voluntades
de  sus espectadores / lectores / ciudadanos, y que algunos exaltados salgan a las calles y generen un pandemonio. Y su profecía  se habrá auto cumplido.  No importa su verismo. Importa la energía que se irradia en cada profecía. Y el esquema de recepción implantado.

Más allá de la validez de sus razonamientos, hoy las  organizaciones socio económicas están siendo objeto de estas profecías auto cumplidas. Hay gran cantidad de  mensajeros
modernos, internos y externos, quienes sin llevar la palabra divina, pueden generar que sus propias hipótesis tomen realidad.

En última instancia es un tema de estrategia energética. Las emisiones de energía se disparan desde los cerebros de quienes desean un escenario por venir. En la  medida en que esa energía se recepta y acepta, los nuevos profetas  logran que su deseo se transforme en realidad.

No solo debemos cuidar la energía para sostener el medio ambiente. Es para resguardar
fundamentalmente nuestros futuros posibles. Los futuribles.

[Nos acompaña hoy la obra del pintor belga René Magritte “Clairvoyance”]

© Alfredo Spilzinger

 

Acerca de alfredospilzinger

Doctor in Economy (UBA), Doctor of Business Administration (Pacific Western University), Master in Economy (UBA), Certified Public Accountant (UBA) Certified Fraud Examiner (USA)post degree in philosophy, post degree in mathematics, specialization in public finances (UK), specialization in quantum physics.(UBA) Lord of Brownsel (UK)
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