La transvanguardia

Rene Magritte, seduce nuestra inteligencia cuando dice que esto no es  una pipa. Ciertamente no lo es. Es simplemente el retrato de una pipa. No podemos fumar en ella, solo podemos mirarla. Admirarla. Es en ese espacio donde mapa y territorio se confunden en nuestro cerebro. Allí estaremos hoy.

Cuando los modelos se agotan, las vanguardias olvidan su papel íntimo de comportarse como  un «avant garde». La guardia que según los franceses, alza su tizona en las primeras filas del combate, para sostener al defendido.

Pero es que las vanguardias no son permanentes ni eternas. Las vanguardias son las que dejan sus propios restos mortales sujetos a la fortaleza de sus enemigos y al pisoteo voraz de sus propios amigos.

Y entonces, sea en el escenario que fuere, y cualesquiera sean las organizaciones donde se instalen, las vanguardias son tan perfumadas y atrayentes como efímeras, como un alhelí [o «alẖayrí», como se decía en sus orígenes en ladino].  No más de unos pocos meses de vida, desde que comienzan a desvanecerse los primeros fríos del invierno, hasta la medianía del calor veraniego.

Y al pendular sus pétalos y empezar a mirar hacia abajo, pierden también su aroma y su frescura que atraen. Como las vanguardias. Como cualquier movimiento de avanzada. Como todo lo que queda oculto en  la retaguardia, usado, sin sentido ni valor.

Es por eso que las vanguardias están destinadas a ser los prisioneros del cambio que ellas mismas proponen. Porque somos viandantes de una onda, y nunca de una línea recta. Quienes crean que esas vanguardias son las finales triunfadoras en los escenarios mundiales, no han comprendido la vida.

Creemos que todo ha sido ya creado e inventado, pero solo sabemos lo que sabemos. Cuánto es lo que no sabemos que no sabemos?

Y en ese frenesí por ser los adelantados, creamos la figura del primer adelantado. Donde se escondieron los segundos adelantados, entonces? Cuando envolvemos el universo en
un infinito, hay quien nos pregunta si agrega a ese conjunto una unidad adicional, consigue un infinito más infinito, esto es un transfinito.

Cuando las gentes quisieron ser millonarias, y algunas las consiguieron, otros dijeron que eso no era suficiente y que precisaban ser billonarias. Cuando fuimos extraordinariamente felices con un fax, el correo electrónico se encargó de hacer desaparecer esa sonrisa incipiente que teníamos. Y hoy entusiasmados con el twitter el teléfono más inteligente que el que los usa, con qué dejaremos de sonreir?

Y de esta forma, bajo la lente de la lógica borrosa, no podemos definir cuando una vanguardia, ha perdido la  oportunidad de continuar gozando de su licencia de ser primero.

Lo que ocurre, es que el ser vivo, perdura en una permanente transvanguardia. Y lógicamente también sus organizaciones sociales que le sostienen en su supervivencia. Los países.  Las organizaciones políticas. Las empresas. Las sociedades sin fines de lucro. Los clubes de fútbol.

Y las familias. Hoy cuando la vanguardia de la convivencia en un mismo lugar de una pareja, sin necesidad de casarse, lleva a esos mismos compañeros de habitación vanguardistas, a asistir a la transvanguardia de ser padrinos de las bodas terceras de alguno de sus vínculos parentales.

Parafraseando a Achille Bonito Oliva, quien acuñara el neologismo Transvanguardia,
podríamos decir  que no existen modelos a los que el ser humano  se pueda referir; no existe una perspectiva unívoca, una dinámica de la historia con un sentido único. Existe una consecuencia, un movimiento abierto sin dirección, existe el concepto de transición por el cual uno puede moverse en direcciones diversas sin contradecirse.

 Es tan así? Por cierto, no hay organización, proceso, comportamiento  que pudiera ser
calificado de bueno o malo. Puede ser ambas cosas. Porque no hay un absoluto
bueno ni una totalidad  mala. En realidad no hay una totalidad absoluta. O al menos no la conocemos.

Porque nuevamente, no nos es conocido lo que aún no conocemos.

El presente, termina fundándose en un  pasado pluscuamperfecto de inmediato. Esta
línea escrita y ya leída, es parte del pasado. El presente es una entelequia, al decir de Aristóteles, una propuesta que tiene un fin en si  mismo. Creemos en un presente, cuando en realidad ya estamos en un futuro imperfecto.

Por eso vivimos en la transvanguardia en forma permanente. Al caminar, nuestros pasos dejan sin aliento a todas las vanguardias que pisoteamos y estrechamos contra el piso que nos sostiene.

Si de ello nos apercibimos, podremos encarar el presente, que se hace pasado en el futuro. Con la certeza que la flecha del tiempo es unidireccional. Tiene valores entre cero y el infinito positivo , pero nunca valores negativos. Por eso el pasado es pluscuamperfecto, nos permite mirarlo y admirarlo – si queremos – pero nunca regresar a él.

Conducir una organización con la mirada puesta en el pasado, es como querer conducir un vehículo con el parabrisas cegado y solo mirando a través del espejo retrovisor.

Es bueno ver lo que dejamos atrás, ya que como dijera Baruch Spinoza, si no quieres repetir un fracaso, estudia ese pasado. Pero nada más.

Vivir, es asistir como protagonista a la recreación de una transvanguardia permanente. Y conducir las organizaciones sociales, económicas o políticas, requiere admitir que todo cambia, completa y vertiginosamente. Y para ese cambio, el ser vivo debe mutar y adaptarse.

Pero lo que vemos con frecuencia inusual, es un anclaje al pasado. Por anclaje debemos interpretar ese maligno proceso por el que los seres vivos se vinculan habitualmente a hechos del pasado que han percibido muy recientemente y que persisten en vivir en su cortex cerebral.

Es justamente allí, en ese manto gris que alberga a 10 mil millones de neuronas, donde descansan esos recuerdos, que se convierten en pensamientos y éstos en ideas que producen decisiones para la acción.

Así atado a una siesta de un fauno vanguardista, en un sopor alimentado por las expresiones de un pasado – que ya se ha ido – nos evoca a recitar con Mallarme, aquello de:  “Mas el alma, de palabras vacante y este cuerpo aturdido, sucumben a la fiera calma del mediodía; sin más, fuerza es dormir en el blasfemo olvido, en la sedienta arena yaciendo, ¡pues me place abrir la boca al astro eficaz de los vinos!”

La sociedad le ha dado muestras en el pasado, a nuestro ser aun vivo, que pueden replicarse los sucesos de otros momentos.

Pero la decepción llega tempranamente. Porque ese pasado donde todos triunfaban sea cual fuere su actividad no pertenece a este presente. Y la ilusión que existen organizaciones que pueden crecer hasta el  infinito y siempre con finales felices, fue
falsa. Nunca existió salvo en las mentes de sus creadores.

Debemos atravesar las fronteras de nuestra propia incapacidad de conocer el futuro y desde este presente continuo hacer prospectiva. «Pros – pectere» recitaban los latinos. Mirar hacia adelante. Imaginar que no obstante esa impredecibilidad de conocer lo que pasará, podemos advertir lo que es posible que pase.

De esa forma, jugar a los letargos trasnochados de los artistas que imaginan a sus
musas en la embriaguez que genera un viaje a lo desconocido.

Por que las frutas maduras, no caen lejos de las raíces del árbol que les dio vida.

Es preciso dejarse llevar hacia las fronteras. No hay para ningún ser vivo, ninguna experiencia más excitante ni febril que llegar a las fronteras para atisbar los valores y los sucesos que pasan allí, fuera de nuestro territorio.

Y dejar de momento el territorio presente, para espiar lo que puede suceder en el futuro es darnos la enriquecedora posibilidad de regresar al presente y decidir.

Y allí podremos estar seguros que nuestra decisión será válida porque mutará al compás de la transvanguardia.

Podremos compartir entonces  los versos que Mercedes Sosa nos legara:

Cambia lo superficial, Cambia también lo profundo

Cambia el modo de pensar , Cambia todo en este mundo

Cambia el clima con los años, Cambia el pastor su rebaño

Y así como todo cambia, Que yo cambie no es extraño

Cambia el mas fino brillante, De mano en mano su brillo

Cambia el nido el pajarillo, Cambia el sentir un amante

Cambia el rumbo el caminante, Aunque esto le cause daño

Y así como todo cambia, Que yo cambie no es extraño

 Nota:  Nos acompañan hoy Rene Magritte, con su obra : Ceci n´est pas un pipe. (1929), Ettiene Mallarme a través del Apres midi d´un faune (1865) y Julio Numhauser  con Todo cambia (1972)
 
 

© Alfredo Spilzinger

Acerca de alfredospilzinger

Doctor in Economy (UBA), Doctor of Business Administration (Pacific Western University), Master in Economy (UBA), Certified Public Accountant (UBA) Certified Fraud Examiner (USA)post degree in philosophy, post degree in mathematics, specialization in public finances (UK), specialization in quantum physics.(UBA) Lord of Brownsel (UK)
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