Como convivir con los conflictos sin morir en el intento

Conflicto, «con-flictus», «con-fligo». «Fligo», con raíces latinas, basadas en vocablos griegos que aún se remontan más allá, al propio sánscrito. Colisión. Para aplastar. Para herir con los dientes. Para demandar urgentemente. Para exprimir. Para Incitar. Pero siempre de a dos. [con – fligo].

 

La voz se esconde en su origen en el pasado. Pasado remoto de la creación. En el pretérito del hombre que elige, como los primates, vivir en sociedad. Porque de esta forma puede sostener su vida frente a los ataques de los depredadores y a la vez compartir alimento.

Y en esa trayectoria societaria, se fusiona con sus pares y organiza grupos, tribus, pueblos. Y decide jefes. Jerarquías que distribuyen funciones a diferentes niveles. Y en ese juego de poderes, define «autorictas» que llama a los que saben y «potestas» atribuido a quienes lo ejercen.

Mucho se ha escrito sobre el conflicto y su vinculación con la controversia sobre la detentación del poder. Eminentes intelectuales han completado muchas cuartillas sobre el tema. En Estados Unidos, Howard Ross, en Chile Manfred Max Neff, en Argentina Remo Entelman y Alejandro Ponieman. Quizás por interactuar con ellos, más cerca aún de este último, me sumerjo en las conversaciones con el premio Nobel Ilya Prigogine, maestro de maestros, para tratar de comprender al conflicto intelectual y  de convivir con él.

A partir de la organización celular, las bacterias y los rinocerontes tienen conflictos de poder, al decir de Michel Focault. Ese agridulce sabor del ejercicio de la voluntad, sea para la posesión de bienes materiales o bien de valores intangibles. Nuevamente desde las células más pequeñas hasta los organismos más complejos, el conflicto es parte de la vida.

Nacemos por un conflicto entre varios espermatozoides que pugnan por gestar en un  óvulo, una nueva vida. Y allí comienza la lucha, a la que lleva el conflicto. Desde ese minúsculo femtosegundo [1 fs = 1×10-15 s] hasta la sociedad en si misma, pasando por organizaciones de menor escala [el matrimonio, los hijos, la familia, la empresa familiar o al gran corporación] el conflicto está presente. Simplemente porque el hombre no esta solo, y comparte su vida. Y al compartir sobreviene el dilema del poder.

Cubiertas las necesidades primarias, generadas por la misma demanda de alojamiento, vestido y alimentación, las siguientes en orden ascendente son intangibles que al decir de Max Neef van desde el afecto, la identidad y la libertad para culminar con la búsqueda de trascendencia. Estas últimas son generadas por la oferta de esas posibilidades a que nos tiene acostumbrados el mundo. El homicidio de Abel a manos de su hermano Caín, o el de Julio César por Bruto y sus secuaces, hasta el de John F. Kennedy, poseen características de luchas de poder. Material o simbólico, que los mismos asesinos, ansiaban para sí.

Y de esta forma, mientras se desgrana la historia de los seres vivos, el conflicto permanece vigente, simplemente porque la satisfacción de los deseos se ha convertido en una seudo satisfacción.

Los primeros adquirentes de esta teoría de las necesidades intangibles, son quienes tienen satisfechas sus necesidades básicas, y han «comprado» – conscientemente o no – que sus dotes personales le obligan a asumir un rol de conductor, en cuyo desarrollo ya saben se han de generar conflictos.

Pero creen que son los mejores. Porque además, el poder, reiterando a Foucault, genera interacciones tanto horizontales como verticales, que resultan atractores de enorme fuerza en el ser vivo.

Esto sucede en una jauría de lobos salvajes, como en una colonia de bacterias. En los panales de abejas y en los clubes deportivos. En las corporaciones multinacionales y en los gobiernos de los países. Y en las organizaciones religiosas, porque nó?

Y como el poder tiene un plano de atracción fatal, logra encolumnar adeptos tras sus líderes, que se encargan de lidiar las batallas entre las posiciones en conflicto.

Esas lides tratan de vencer los poderes de unos contra otros, bien sea con argumentos intelectuales bien con elementos más contundentes. Pero el final de esa escena final irrescatable e incomprensible de los muertos civiles – o reales – que quedan de esas contiendas, es que más allá de su propia desaparición, el conflicto lejos de resolverse queda vigente. Con mayor o menor intensidad. Pero no desaparece.

Porqué? , es la pregunta subsecuente. Porque más de una persona socialmente activa, genera un conflicto. Hasta un perro llega a conflictuarse con su propia imagen que se refleja  en un espejo. Simplemente porque no entiende que es él mismo.

El conflicto es  inmanente a la condición del ser vivo. Es imposible pensar en resolver un conflicto, en consecuencia. La única forma de resolverlo es aislar en un lugar solitario e  inhabitado a un ser vivo, para que no posea posibilidades de combatir por ningún poder, porque estando solo  no  lo necesitará.

La gerenciación de empresas, debe tener entonces muy claro este concepto. Querer resolver un conflicto es invertir tiempo en un remedio estéril para no lograr resultados definitivos.

Pensar en resolver un problema de falencia financiera de una corporación, es estéril.  La falta de recursos financieros no puede resolverse. Puede administrarse.

El presente conflicto financiero de la Comunidad Europea, no tiene solución, cuando deben consensuarse 27 estrategias nacionales, que comportan a su vez la aquiescencia parlamentaria de esos mismos  países. Y los diputados nacionales, deben a su vez afrontar el conflicto con sus propios ciudadanos electores de su banca en ese parlamento. No tiene solución, solo administración.

Y entonces que es administrar? Distribuir, dosificar, ordenar, disponer. Más allá de los objetivos de cada parte en conflicto. Un ministro, [de la misma raíz latina] es quien otorga elementos de juicio a un presidente para que tome decisiones. Un suministrador [también con el mismo linaje] es quien entrega cosas que han de servir para quien debe decidir.

Comprendamos que es imposible entonces resolver un conflicto. Debemos administrarlo. Debemos hacer el esfuerzo intelectual de evitar un daño en su deseo de trascendencia, si queremos llegar hasta ese nivel de la famosa pirámide de Maslow sobe las necesidades.

Si sabemos que vivimos un vida compleja, en un  mundo complejo, conviviendo con otros  seres complejos, pensar en  la ausencia de conflictos es idealizar una sociedad que no existe en el mundo real.

Desde un divorcio hasta una guerra pueden encontrar respuestas en una buena administración. Porque quien termine ganando la batalla, será un perdedor nato en la sociedad en que vive.

Exprimir al contrincante – «fligare» – sólo puede generar resentimientos. Y  no olvidemos que las masas apoyan siempre al más débil.

Permítanme reiterar una metáfora que siempre menciona este chileno ilustre Max Neef:  «Puede un rinoceronte ser espantado con un palo? Seguramente no, pero miríadas de mosquitos [que se alinean sin jerarquía y se reúnen espontáneamente] puede hacerle la vida imposible al rinoceronte, hasta que éste se vaya». 

«Porque la única diferencia visible hoy  entre  un ser vivo y un ser humano,  es la estupidez. Sólo el ser humano es tonto.»

 Nos acompaña hoy René Magritte con su obra La Batalla de Argonne (1959)

 

© Alfredo Spilzinger

Acerca de alfredospilzinger

Doctor in Economy (UBA), Doctor of Business Administration (Pacific Western University), Master in Economy (UBA), Certified Public Accountant (UBA) Certified Fraud Examiner (USA)post degree in philosophy, post degree in mathematics, specialization in public finances (UK), specialization in quantum physics.(UBA) Lord of Brownsel (UK)
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