Los ALEPH

Los tres Aleph nos han conmocionado. Su vigencia  – o mas bien su deterioro – es ya parte  de la vida diaria, como el termómetro, el higrómetro, o la balanza. El mundo de la economía y las finanzas se sacude frente a esta letra primera, símbolo del supremo «Ain Soph» de la Kábala. El todo, o el transfinito que es más que el infinito.

El Aleph, es el TODO, la unicidad y la verdad. Es el número 1. Es la ilimitada y pura divinidad.

Ser el Aleph es ya la consagración. Pero tener tres Aleph, es como escalar la Torre de Babel hasta el infinito y  más allá. Es éste un espacio en el que todos nos entendemos porque hablamos lenguas conocidas, pero nos engañamos. Nos confundimos con nuestras propias palabras. Nos defraudamos con nuestros propios números.

Entonces necesitamos  la presencia del «Ain Soph», para que nos asista a develar los secretos de las personas y sus creaciones. Las empresas, las organizaciones y los gobiernos.

Estos últimos se expresan a través de números que es preciso descifrar. Esto es declarar lo que está escrito en cifras desconocidas, pero a cuyas claves de interpretación no tenemos acceso.

Aunque parezca raro, conociendo la numerología, no acertamos a sumergirnos en el submundo de las cifras de los estados financieros, los presupuestos o las cuentas Nacionales. Ya la mancomunidad de las naciones ha aceptado definitivamente, que frente a ese desconocimiento, es precisa la existencia de calificadores.

El «Soph» hebreo es  – según la Kábala – el símbolo de un átomo simple del Espacio Abstracto y Absoluto donde se quedan todas las criaturas cuando llega el Gran Pralaya  o Noche Cósmica, porque no tienen derecho a penetrar en el «Ain», es decir, al «In manifestado Absoluto».

Y para calificar usamos ese «Soph» , el que transliterado al inglés, se conoce simplemente  como «S&P» [Standard and Poors].  Y de allí en adelante, sobreviene la batalla por conseguir, o mantener o suspender el uso de las A.

Las AAA,  o de otro modo las אאא, marcan la frontera entre existir o no existir. Es como formar parte de una familia como hijos o como entenados. Como los reconocidos o los irreconocibles.

Pero, quien lo decide? El «Soph», que ha tomado la forma de S&P – Standard  & Poors, nombre que traducido al español, coincidentemente  – o no – significa «los normales y los pobres».

Este ente, a través de un decálogo secreto al que es imposible acceder, adjudica los א, y con ello dibuja las fronteras entre los buenos y los malos. Entre los confiables y los  desconfiables. Entre los dignos y los indignos de pertenecer a este mundo.

Pero no siempre el sistema resulta de aplicación homogénea.

Los famosos activos tóxicos que envenenaron las carteras de los bancos, – primero a los americanos y consecuentemente a los europeos – llevaron hasta su última bocanada las אאא de la S&P y su gemela Moodys, circunstancia no menor que permitió que el 8 de octubre de 2008 estallara la peor crisis financiera de los últimas décadas.  Por su parte, los ejecutivos de Lehman Brothers, que trasladaron el féretro de su banco hasta su última morada, llevaban los preciados א prendidos orgullosamente en las solapas de sus gabanes.

Pero si uno se atreve a descender los diecinueve escalones del Aleph de Borges, para bajar hasta el sótano de la morada y poder conocer qué es en definitiva el Aleph, se encontrará – en vez de los transfinitos – con una sociedad anónima que cotiza en la bolsa de Nueva York y que factura cerca de 3.000 millones de dólares anuales, y que obviamente está obligada a dar dividendos a sus  accionistas.

A quienes? Pues entre otros a Capital World Investors, a State Street Global Advisors, a Vanguard Group,  a Block Rock Institutional Trust Co NA., OppenheimerFunds, Inc y a T. Rowe Price Associates Inc., las que en su conjunto poseen un 31,78% de sus acciones, por intermedio de Mc Graw Hill Inc.

Coincidentemente – o no – los mismos accionistas poseen acciones por un equivalente al  31,99 % del capital total de Moodys, – competencia o no [¡] de la primera – que es otro miembro de la troika calificadora que usa los  aleph.

Asumen su actitud  – así dicen – en defensa de nuestros activos y evitarnos los riesgos emergentes, simplemente a través de los א. Pero no comprenden que el hombre no es una variable en una ecuación y  que el riesgo primero y verdadero es sobrevivir en este mundo complejo.

Como se mide entonces el riesgo, en kilográmetros, en metros cúbicos, en momentos de fuerza, en newtons por metro cuadrado? Y el riesgo de un tsunami cuántos aleph conquista? El de una explosión social indignada? El de un presidente que enoloquece? El de un capitán que abandona su barco? Pareciera que el «Soph» adecua sus respuestas a todo y ha logrado lo que los seres humanos han ansiado en su búsqueda constante de nuevos modelos, con el objeto de alcanzar la verdad absoluta.

Porque todo pasa y se olvida. Lo interesante es como en la selva – ejemplo vivo de un sistema complejo – vivir sin ser alimento de otro ser vivo.

Y finalizaremos como Jorge Luis Borges en su propio Aleph:

« ¿Existe ese Aleph en lo íntimo de una piedra? ¿Lo he visto cuando vi todas las cosas y lo he olvidado? Nuestra mente es porosa para el olvido; yo mismo estoy falseando y perdiendo, bajo la trágica erosión de los años, los rasgos de Beatriz.»

©  Alfredo Spilzinger

Acerca de alfredospilzinger

Doctor in Economy (UBA), Doctor of Business Administration (Pacific Western University), Master in Economy (UBA), Certified Public Accountant (UBA) Certified Fraud Examiner (USA)post degree in philosophy, post degree in mathematics, specialization in public finances (UK), specialization in quantum physics.(UBA) Lord of Brownsel (UK)
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