La jaula de las locas

Hace solo ciento cincuenta mil años, el hombre no existía aun sobre la tierra. El hombre como hoy lo conocemos. Todos vivían en una superficie planetaria que les permitía desplazarse, comer y sobrevivir para no ser alimento de otros seres vivos.

Era la libertad en su expresión más pura. Sostenidas cada especie, una contra la otra, pugnaban por ser los dueños de su libertad. Y apareció  en ese escenario un nuevo actor: el  hombre. Un homínido que comenzó a pensar, a alternar silencios con expresiones guturales y a combinar los sonidos. Y percibió que necesitaba compañeros de  lucha para no ser víctima de los depredadores.  Animales o humanos. Y entonces comenzó a pensar en protección y  en  seguridad, pero sin esquivar la libertad de Ser.

Pero libertad sin justicia no es libertad. Y comenzó el hombre a escalar las cumbres de su intelectualidad  para definir y aplicar esos dos conceptos. En 150.000 años, transcurridos desde que saliera de las cuevas de Boblos en África, no  ha podido aun comprender  cómo se hace.

Pero mientras se debatía en esas tribulaciones,  tuvo que cuidarse de los depredadores  y transportarlos. Y creó la jaula, el calabozo como su raíz  en francés lo indica: antes « jaole» hoy «geôle».  Y en esos calabozos encerró y transportó animales, después hombres que los creyó depredadores y hasta grupos humanos encerrados contra su voluntad.

Pero mientras se seguían discutiendo los conceptos de libertad y de justicia, los pueblos y luego la humanidad comenzó a adherirse al concepto de la jaula, como protección frente a lo que se teme por venir fuera de sus propias fronteras. Y empezamos a descubrir casas enjauladas, embajadas cercadas, gobiernos enjaulados, sociedades enteras y hasta países enjaulados. Todas protecciones que funcionaron como seguros muros de contención frente al semejante  que  no tiene  otra opción que replicar el modelo y esconderse dentro de su porpia jaula. Mientras seguimos discutiendo sobre justicia y  libertad.

Surgía como cierto el concepto de Max Weber: la jaula de hierro. El aparato de encierro que  la burocracia sometía a los ciudadanos en contraposición de su individualidad biológica. La destrucción de los valores personales quedaba en manos de los hacedores de leyes y promulgación de edictos que bajo el concepto de burocracia – que el mismo acuñó – cercenaba las libertades y justicias individuales.

Y así se fueron  enjaulando grupos de seres, hasta finalizar en una contraposición de intereses enjaulados entre iguales, que lucharon por el escenario de la vida, por su propio concepto de  libertad. Y las batallas que se dan sobre este proscenio llamado vida, nos llevan a enjaular estatuas, monumentos y obras de arte, para evitar su depredación por parte de  otros enjaulados. No importa que esos mármoles, hierros retorcidos o pinturas no sean seres animados. Quedan también sujetas al imperio de la jaula.

Y los enjaulados  marginales tampoco abandonan los límites de sus barrotes, porque entienden que ese hábitat que les contiene, es seguro para su justicia personal.

Y mientras seguimos en discusiones existenciales, los enjaulados se abroquelan más entre sí. Salen a las fronteras, a presionar a los otros enjaulados, pero vuelven siempre a buscar el apoyo de sus iguales tras los barrotes. Y la jaula de hierro, al enjaular todo, nos lleva a la alineación.

Como dijera Johann Fichte, «el hombre solamente es hombre entre los hombres» y si no hay un reconocimiento  de la  «otredad» y una interacción con el otro  enjaulado – para quienes nosotros somos los otros – terminaremos encerrados y espiándonos tras los barrotes, los unos a los otros.

Y como en obra de Jean Poiret, que nos ha traído a la memoria el título de este ensayo, nos enjaularemos todos – ciudadanos y  gobiernos, profesionales e industriales, patrones y empleados, policías y ladrones – para ser dentro de cada jaula lo que somos, y exhibirnos hacia fuera como los que quisiéramos ser.

Habremos – con  nuestra incapacidad – de terminar siendo parte de una red de calabozos, cada vez más poblados, pero también más pequeños.

© Alfredo Spilzinger

Acerca de alfredospilzinger

Doctor in Economy (UBA), Doctor of Business Administration (Pacific Western University), Master in Economy (UBA), Certified Public Accountant (UBA) Certified Fraud Examiner (USA)post degree in philosophy, post degree in mathematics, specialization in public finances (UK), specialization in quantum physics.(UBA) Lord of Brownsel (UK)
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