Las nuevas palabras

barrer bajo la alfombraLeímos en una publicación internacional sobre el estado de los negocios en un país europeo que decía que …” como  consecuencia de esta «catastroika» que vivimos, los empleados pobres, habían ingresado en un proceso de «aculturación», a instancias de la «flexiseguridad» requerida en sus haberes, originada en la diferenciación de tasas financieras de las empresas contratantes por el efecto de tener que acudir al «shadow banking».

El efecto «Merkozy», hoy inexistente cambia la estrategia hacia la  «Chindiafrique», con vistas a su protagonismo previsto para 2030.”

Recorriendo mis apuntes, y acudiendo mi memoria, entendí que nuevamente los protagonistas de las políticas nacionales, frente problemas de connotaciones irresolubles, adoptaban el viejo recurso de : A FALTA DE SOLUCIONES, LO QUE QUEDA ES CAMBIAR DE NOMBRE A LOS PROBLEMAS.

Se ha convertido nuestro mundo de hoy en una generadora de nuevas palabras – neologismos diría un filólogo – , con que se pretende dar un hálito de intelectualidad a las expresiones políticas o seudoeconómicas. Esto logra generar un nuevo debate que permita  abstraer de la realidad a los actores de esta novela fantástica en que se ha convertido la vida. Transcurrimos nuestro camino con un actualizado paradigma de nuevas palabras.

Nadie reconoce sus errores, pero aun peor ni aporta respuestas. El tema es encontrar un nuevo marbete para colgar en la estantería de los problemas sin solución.

Lo que ocurre es que el problema es realmente serio, pero la mayoría de los políticos y algunos intelectuales no están preparados para lidiar con problemas en serio. Hasta ahora, todo se resolvía con retórica. Con promesas. Y los pueblos querían más promesas que realidades. Aumentaban su felicidad prospectiva con promesas que sabían que no se cumplirían, pero mientras pudieran trabajar, seguirían alimentando un sueño de un futuro mejor.

Hoy con más de 7 millones de parados en Europa, con niveles de indigencia indignantes en América Latina y con un descenso del consumo en Estados Unidos y un nivel de desempleo creciente del 8% de su población activa, ya las palabras han perdido su poder de convicción. Ese futuro de posible felicidad se convirtió en un presente de concreta miseria.

Un cartel que exhiben en estos días manifestantes españoles dice: «No es que falte dinero es que sobran ladrones»

Lo que ocurre es que nadie estudia para ser político. No hay una universidad que los prepare, ni cursos de postgrado que los capacite.  Parece ser una facilidad genética que a algunos se les despierta súbitamente. Mujeres a quienes les llega el mensaje divino  mientras se desnudan sobre un escenario, o herederos desocupados mientras juegan al golf, o abogados sin causas que defender, o árbitros de fútbol que al sacar una tarjeta roja, se dan cuenta donde reside el poder. Y todos ellos se consideran aptos para gobernar. Es en realidad un nuevo oficio. Es una forma de ganarse el sustento sin tener que trabajar mucho. Sólo es necesario hablar.  Resulta imprescindible para estos lideres de la actualidad, solamente entender que escrúpulos, es solamente el nombre de un archipiélago griego.

Porque cuando ese personaje llega al gobierno, se olvida de sus principios y solo le preocupan sus fines. Se olvida que es un «mandatario» que inexorablemente debe rendir cuentas a sus mandantes, al pueblo. Y retoma el papel de hijo de Dios. Del elegido salvador que finalmente no logrará cumplir los objetivos por cuyo incumplimiento denostó a su antecesor.

Es una fórmula igual al de las sillas musicales. Mientras suena la melodía todos giran alrededor de las sillas. En algún momento deberán sentarse y siempre falta una silla. Es el político que deja su lugar a otro, que también deberá dejar compases más adelante, su asiento a quien le reemplace.

Pero el problema es cuando los espectadores se cansan del juego. Y se detiene la música. Entonces los neologismos pasan a ser contundentes realidades. Pero a no asustarse, siempre habrá otro equipo de jugadores, que mediante promesas,  logrará convencer  a los espectadores que es preciso seguir jugando a las sillas musicales. Con novísimos neologismos, lograrán ocultar bajo la alfombra, los verdaderos problemas y colocarán en la vitrina del poder, nuevas palabras que seguirán dejando sin respuestas a los viejos problemas.

Pero las soluciones siempre residen en la dinámica de ese pequeño habitáculo que se enmarca entre las cejas y la nuca de cada individuo. En su poder de crear nuevas respuestas para las viejas preguntas que hasta ahora, sólo se responden con «tuits», con comentarios en «facebook» o con «SMSs» que hacen aparecer a los gobernantes con modernidad y avanzada tecnológica, pero con pocos deseos de encontrar esas nuevas respuestas a las viejas preguntas que siguen sin resolverse.

Pero a no desesperar, hay un grupo de forma «conspiranoide», que hurga en el futuro los neologismos que habrán de inventarse para seguir ocultando las verdades, cual desperdicios bajo la alfombra.

© Alfredo Spilzinger

Acerca de alfredospilzinger

Doctor in Economy (UBA), Doctor of Business Administration (Pacific Western University), Master in Economy (UBA), Certified Public Accountant (UBA) Certified Fraud Examiner (USA)post degree in philosophy, post degree in mathematics, specialization in public finances (UK), specialization in quantum physics.(UBA) Lord of Brownsel (UK)
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Una respuesta a Las nuevas palabras

  1. lucio torres dijo:

    ALFREDO, me gustó mucho tu artículo. Saludos, LUCIO TORRES

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