Diagnóstico y soluciones

adonde voyEs imposible encontrar el camino si uno no sabe realmente donde quiere ir. Los oráculos de la edad postmoderna que transitamos, suelen perderse en los laberintos de sus ecuaciones sin poder encontrar un ¡eureka! para la aparentemente sostenible crisis financiera que hoy agobia al planeta tierra.

No es que resulte imposible entender una respuesta. Se pueden arbitrar medidas, pero para ello  es necesario un diagnóstico acertado. No es buen médico quien bien receta, sino quien bien diagnostica. Pero además es preciso saber que hacer después del inmediato  plazo. Ver la realidad y  no solo mirarla. Y como estas dolencias que afectan a la situación socio económica de las naciones son holísticas, todo tiene que ver con todo. Empezó como una crisis bursátil que vivió muchos años engañándose a sí misma. Siguió con un destape financiero generalizado de gobiernos que mostraron por primera vez sus tristes desnudeces. Y se complementó con medidas de política [no de economía] que súbditos obedientes a las órdenes de Berlín, implementaron a sangre y fuego. Hoy la situación refleja una desocupación mayúscula, índices de retroceso social que se asemejan a los valores de fines de la segunda guerra y un futuro más que incierto. Pero los profesionales no aciertan con las medidas que necesitan las poblaciones. No pueden lograr orden en el caos que se ha desatado. Simplemente porque no entienden el caos. Decía Freud que lo más importante de sus teorías era compararlas con intrascendentes hechos de la vida cotidiana Y esto me trae a la memoria una experiencia que viví hace unos años. Llegó, no se sabe cómo, un día a la guardia de un hospital, una señora con graves trastornos físicos. Tenía 50 años, mal aspecto, excedida en peso, aunque mal alimentada. La balanza acusaba 145 kilos. Mostraba un alto nivel de colesterol y sufría de fuertes dolores pectorales. Completaba el cuadro  insuficiencia renal y su presión arterial era increíblemente alta. Esa hipertensión le había generado un derrame en una arteria ocular que le impedía totalmente la visión en su ojo izquierdo. Casi a media voz por su fatiga permanente explicó que quienes la acompañan eran sus dos hijos de 6 y 8 años, con aspecto poco saludable también, desnutridos y nacidos de una relación que se había terminado cuatro años antes. El padre desaparecido no poseía recursos ni trabajo. Y los niños lloraban permanentemente por la falta de alimentos al lado de la camilla donde la madre casi desfallecía Las funciones cardíacas estaban muy comprometidas y los médicos de la guardia aventuraron la necesidad de un trasplante. Se decidió que los tres profesionales más conservadores del hospital dieran su opinión sobre el tratamiento a seguir. Era preciso no tomar medidas audaces para evitar complicaciones con la paciente, pero fundamentalmente con las compañías aseguradoras que les cubrían sus riesgos de  mala praxis. Los juicios contra médicos y cirujanos inundaban la profesión. Esos profesionales, convocados por la inmensa cantidad de diplomas que adornaban las paredes de sus consultorios, llamados para casos excepcionales, los conocían como la troica. Después de un minucioso análisis, emitieron su veredicto que se implementó,  como un canon sin discusión. Advirtieron  en primera instancia que la situación de los pequeños no era de su preocupación en ese momento ya que habían sido convocados para atender a la enferma que era la madre. En segundo lugar consideraron que un trasplante cardíaco era imposible de lograr en un corto plazo y en cuanto a los demás síntomas, deberían ser analizados en el correr de los días. Lo que les preocupaba era el exceso de peso y la  necesidad de su descenso inmediato, por lo cual dictaminaron de inmediato una intervención para imponerle un cinturón gástrico. Era una operación sencilla que no traería riesgos. Y después se vería. Dicho esto catedráticamente, se retiraron dejando la orden escrita para que se le practique esa operación que al menos logre en un breve plazo hacer reducir su ingesta de alimentos y permita reducir su masa corporal. En el silencio de pieza hospitalaria quedo la enferma derruida en la camilla y sus hijos aún llorando a su lado. La enfermera que había presenciado toda esta escena desde el arribo de la paciente,  testigo de ese cuadro angustioso y con sus ojos húmedos, sólo se acercó a la cama de la enferma y le tomó la mano. Al día siguiente, los cirujanos  operaron de acuerdo con las instrucciones de la troica. Después de casi dos horas de cirugía, salieron del quirófano con un aspecto de satisfacción. Se dirigieron a los chicos sobrevivientes que estaban esperando ansiosos en la puerta con una frase que  yo ya había escuchado alguna vez: chicos,  la operación ha sido todo un éxito. Pero lamentablemente hemos perdido a una gran mujer. Vuestra madre. Cualquier semejanza de esta historia con la realidad que vivimos, no es coincidencia.

Nota: Hoy nos acompaña una foto de Reuters Un miembro del Ejército Libre Sirio sujeta un arma, sentado en medio de una calle de Deir el Zor, el jueves 25 de abril de 2013
 
© Alfredo Spilzinger

Acerca de alfredospilzinger

Doctor in Economy (UBA), Doctor of Business Administration (Pacific Western University), Master in Economy (UBA), Certified Public Accountant (UBA) Certified Fraud Examiner (USA)post degree in philosophy, post degree in mathematics, specialization in public finances (UK), specialization in quantum physics.(UBA) Lord of Brownsel (UK)
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