Cara Abierta al señor Presidente de la República Argentina

 

14 de mayo de 2018

 

Señor Presidente Ingeniero Mauricio Macri

 

Permítame señor Presidente, como gratitud a algunas conversaciones que hemos mantenido en el pasado, escribirle sobre la situación crítica que vivimos, por la preocupación no solo mía sino de todos quienes le hemos votado en la seguridad que bajo su gobierno podríamos ver a nuestra República alejarse de la trágica historia que le ha precedido.

Pero debo admitir que la evolución de los acontecimientos políticos, sociales y económicos que a diario vivimos, están oscureciendo el perfil de su gobierno al que tantos hemos confiado nuestros votos.

Es fundamental entender que la herencia que usted ha recibido ha sido nefasta. Pero debo confesarle que todos esperábamos que como todo presidente que resulta elegido en cualquier institución, usted exigiera de su predecesor un inventario y balance de los que se hace cargo. Y esa misma información la hiciera conocer a los ciudadanos, quienes lo votamos y quienes no, con el objeto no solo de salvaguardar su posición sino de explicitar los programas con los cuales, el terrible desequilibrio de las variables que le han dejado sería corregido.

 

Pero no lo hemos recibido de su parte. Solo nos han llegado escuetos comentarios de miembros de su gabinete, más acostumbrados a gerenciar proyectos financieros que a enfrentar crisis políticas. No quisiera que su gobierno pasara a la historia como uno más que ha dejado que el desgobierno nos lleve a buscar nuevas soluciones, y que quede solo de usted el busto de mármol en la galería de presidentes de la República de la Casa Rosada.

 

Como nos atrevimos a votarlo, me atreveré también a decir la verdad, simplemente porque me he comprometido a hacerlo. Porque de otra forma estaré perseguido por la oscuridad de resultar un cómplice de la crisis que estamos viviendo. Una crisis de la que nadie quiere hablar pero que convive con nosotros.

 

Una crisis política antes bien que económica o financiera. La falta de su palabra presidencial, nos ha dejado huérfanos de conducción. Solo han llegado a nosotros parlamentos inconexos de ministros que por su juventud o su falta de experiencia en los estrados de la política argentina, nos han dejado frases como que…”esto ya lo

teníamos previsto”… o “contamos con la financiación hasta el fin del mandato presidencial”… como si la historia de la Argentina finalizara el 10 de diciembre de

2019… o “fuimos al FMI como medida preventiva”… como si quienes escucháramos fuésemos habitantes de un planeta que nada sabemos de la historia argentina.

 

Señor Presidente, su responsabilidad es de tanta magnitud, que me imagino su desazón al tener que hablar a los presidentes de las potencias mundiales para rogarles tengan piedad con nuestra situación y no nos nieguen una nueva asistencia financiera. Me siento en su lugar y sufro pensando lo que debe sufrir. Porque lo sufrimos todos los argentinos.

Y su responsabilidad como líder es crear nuevos lideres que le superen aun en su nivel político para poder dejar a la República encaminada hacia un futuro que se aleje definitivamente de las permanentes y periódicas crisis vividas. Una responsabilidad que va mas allá de flamear globos amarillos o de cerrar sus decisiones a una mesa chica que sólo admite a los súbditos que piensan como usted.

Cuenta usted con el ministerio mas imponente de la historia argentina, que pagamos todos los ciudadanos, pero que no logra componer un programa de gobierno que vaya mas allá del día siguiente. Por el contrario, necesitamos un esquema de gobierno que incluya a todos los argentinos. Políticos, empresarios, dirigentes sociales y aun deportivos y a la comunidad en su totalidad que comprendan lo que ha pasado y se comprometan a sacrificar algo en función de un programa que por ser conocido, tenga como objetivo un futuro mejor.

 

Porque de lo contrario, finalizado su gobierno – en la fecha que fuere – estaremos dejando a nuestros hijos y nietos una herencia – al día de hoy – de mas de 320 mil millones de dólares como hipoteca de su vida. Es decir, lo mismo que ha pasado con el gobierno que lo antecedió.

Y lo que prometió Cambiemos es justamente lo contrario. Y todos deseamos y esperamos señor Presidente que usted lidere ese cambio.

Acercarse al pueblo y decir la verdad no es simplemente gobernar sin corbata. Porque cuando usted y sus ministros visten corbata cuando visitan a un personaje importante, nos damos cuenta que como nos enseña la psicología, existe una bipolaridad que es imposible de comprender. Si adoptan una personalidad y se visten sin corbata cuando nos hablan a nosotros, los ciudadanos comunes, pero la usan cuando visitan a personajes encumbrados, alguna de esas dos personalidades es falsa. ¿Cómo debemos entender esa verdad?

Vivimos señor Presidente una crisis. Crisis – del griego κρίσις – es una coyuntura de cambios, que es justamente lo que estamos experimentando hoy. Las crisis son fenómenos complejos, no complicados que es algo distinto. Y la complejidad requiere de un análisis profundo, una mirada diferente y una inteligencia especial basados en un pensamiento complejo. La pregunta es si alguien en su gabinete comprende los sistemas complejos Sobre todo cuando la crisis es política. Ni económica ni financiera.

 

Tampoco debemos culpar al entorno internacional. Es argentina y producto de una desinteligencia de nuestra comunidad, que algunos llaman grieta, pero que comenzó en 1776 con la creacion del Virreinato del Rio de la Plata y subsiste hasta hoy

 

Y es usted el elegido por la ciudadanía para resolverla. Terrible responsabilidad pero ineludible si quiere dejar impresa en la historia argentina una impronta de liderazgo. Piense que no hay otra persona que pueda ni deba hacerlo, porque los ciudadanos le han elegido a usted y no a sus múltiples ministros, a muchos de los cuales no le conocen la cara, y ni hablar de lo que hacen.

 

Pero lo que es fundamental es unificar criterios de gestión en pocas cabezas que puedan imaginar una Argentina distinta e implementar las acciones para la situación compleja que vive. Porque esos problemas se resuelven con inteligencia unificada y no con acciones de marketing.

 

Yo sólo soy un ciudadano, un narrador que habiendo formado parte de gobiernos como el el del Dr Illia y el Dr Alfonsin, – no debo explicarle entonces mi accionar político – cumple su tarea en un escritorio y que ha comprendido que un buen ciudadano no puede limitarse a sufrir las crisis, sino aportar a su país el trabajo que realiza.

 

Estoy escribiéndole como lo hago siempre, con la maxima honestidad, y ahora regresaré definitivamente al silencio a la espera de una reacción de su parte que nos permita recuperar la calma de la anticrisis.

Acepte señor Presidente, mi más profundo respeto y mis deseos de éxito

 

Alfredo L. Spilzinger DNI 04270974

Doctor en Ciencias Económicas. Doctor en Administración. Doctor en Filosofia. Spilzinger@me.com